10 diciembre 2019
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El actor más popular de “La que se avecina”, en Salamanca: “De niño iba a audiciones y hasta los 15 años hice 40 papeles dramáticos”

José Luis Gil se mete en la piel de Cyrano de Bergerac este sábado en el Teatro Liceo. “¿Quién no se ha enamorado de la persona no adecuada?”, pregunta a los espectadores

05 abr 2019 / 17:00 H.

José Luis Gil, actor de teatro, cine y televisión, se convierte este sábado en Cyrano de Bergerac en el Liceo (a las 21:00 horas). La obra original, escrita por el joven y osado poeta Edmond Rostand, conoció un éxito sin precedentes que se extiende hasta nuestros días.

–Cyrano es un personaje muy exigente y la función, extensa.

–El personaje es exigente, pero la calidad del texto es tan grande que para cuando te quieres dar cuenta estás metido hasta las cejas en las emociones de Cyrano para embarcar a los espectadores en la historia y hacerles ver que dentro de cada uno hay un pequeño Cyrano. ¿Quién no se ha enamorado de la persona no adecuada y se lo ha comido toda la vida? ¿O quién no ha tenido algo dentro que no ha sabido expresar por miedo al fracaso? La obra de Rostand puede durar cuatro horas, pero la hemos adaptado a dos horas y cuarto. Es una labor peliaguda: no conviene desvirtuarla ni eliminar elementos necesarios en la narrativa.

–De niño admiraba a Cyrano.

–Descubrí a Cyrano con 13 años, estudiando Arte Dramático y a los grandes clásicos. Me pareció maravilloso. Representábamos algunas escenas, nunca la obra completa. Luego vi la película que rodó José Ferrer de 1950 por la que se llevó un Óscar. Y todo lo que ha caído en mis manos lo he leído, lo he visto y lo he disfrutado. Siempre pensé que era un ‘personajazo’ para el actor que se atreviera a ponerse en sus botas, aunque nunca tuve la intención de interpretarlo. Pero la vida te da estos regalos y ahora se cierra el círculo. Quizás al tenerlo siempre tan presente estaba abocado a interpretarlo.

–¿Y cómo surgió este proyecto?

–Alberto Castillo-Ferrer, Ana Ruiz y yo trabajamos en “Si la cosa funciona”, de Woody Allen, y se presentó la perspectiva de qué hacíamos después. A mí me ofrecían otras comedias, pero la cabeza me pedía motivarme de otra manera a la hora de ensayar y trabajar en teatro, que es lo que más me gusta. Y como iba a estar rodando para televisión, necesitaba algo especial. Un día solté al aire: ¿por qué no un Cyrano? Y me cogieron la palabra. La idea entusiasmó a productores, distribuidores y actores.

– ¿Qué destaca de la obra?

–El enfoque de Rostand, para construir un drama romántico, es muy teatral. El Cyrano escritor y dramaturgo era arrogante, pendenciero y con un carácter complicado. Rostand logró que confluyeran en él una serie de virtudes: su magnífico talento para escribir, como espadachín... y le impregna de algo que empatiza con el público: él cree estar enamorado de la persona equivocada y por un defecto físico no se atreve a decírselo por miedo al rechazo. Ese amor va aumentando a lo largo de su vida de una manera brutal dentro de él y le convierte en un personaje con un mundo interior apasionante.

–Fue actor de niño. Su hermana le llevaba a audiciones.

–Mi hermana me llevaba a esto que ahora llaman castings, de manera más sofisticada. Veía convocatorias en los periódicos y cuando yo tenía 11 o 12 años me recogía después del colegio. Los castings no eran muy extensos. El director de turno te preguntaba qué habías hecho ese día y si veía que tú lo contabas con naturalidad, pasabas el primer corte.

–Vencía su timidez.

–Dentro de mi timidez contaba con cierta desenvoltura porque lo entendía todo. Y para cuando te quieres dar cuenta, estás en un plató haciendo un personaje y luego, otro. Los directores se conocían y era un mercado muy cerrado. Se hacían clásicos y lo primero que recuerdo haber hecho es “David Copperfield”. Entre los 12 y 15 años hice 40 papeles dramáticos. Pero fue mi hermana quien tiró de mí, no era yo quien de manera vocacional tiraba de ella.

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