15 diciembre 2019
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Concha Velasco, en Salamanca: “El día que no haya nadie esperándome tras la función, ese día hay que retirarse”

A punto de estrenar los 80 años, la actriz que acumula 120 premios y reconocimientos, regresa al Liceo este viernes y sábado para cumplir con su público tras cancelar el año pasado “El Funeral” por una neumonía

19 sep 2019 / 18:24 H.

Feliz, contenta y con muchas ganas de hablar responde al teléfono Concha Velasco, humilde, encantadora y en un estado físico y mental envidiable a punto de cumplir los 80 años. Regresa a Salamanca “muy agradecida” después de aquella neumonía que le obligó el año pasado a suspender “El Funeral” en el Liceo, una comedia que representa este viernes y sábado.

–Regresa a Salamanca con “El Funeral” y el público le espera con muchas ganas.

– Me encanta volver al Liceo. Ahora estoy estupenda de salud y de ánimo. Además, la obra cada vez sale mejor. He parado este verano porque estuve en el Festival de Mérida con “Metamorfosis” que ha tenido un éxito enorme y también preocupadísimos en los ensayos, pero la verdad es que estoy muy bien y con unas ganas de volver a Salamanca enormes. ¡Y cómo es ese Teatro Liceo! ¡La de cosas que me han pasado antes de que lo arreglaran y ahora! Es precioso.

–¿Y cómo es el público salmantino?

–Pues oye, es Castilla, como Valladolid, Zamora... son más bien serios. Yo recuerdo ahí el éxito de “Filomena Marturano”. Con Mari Carrillo recuerdo haber trabajado antes de que arreglaran el Teatro Liceo y lo pusieran tan bonito. Y luego Salamanca, ir a ver la Ranita y donde la Celestina... ¡Conozco tan bien Salamanca! Pero esta vez no la voy a poder patear mucho porque tengo que cuidarme para ir el domingo al Festival de San Sebastián. Sí que saldré a comer.

–Cuando sale por la calle y todo el mundo la reconoce, ¿eso cómo lo lleva?

–Depende. Al terminar la función, la gente me espera y yo le digo a mi regidor: ‘Mira, el día que no haya nadie en la puerta esperándome es el día en el que hay que retirarse’. Cuando estoy comiendo, pues a veces digo: ‘uy, déjame terminar de comer’. Y mi hijo dice: ‘Hazte la foto y luego sigues comiendo. Si no, no salgas de la habitación o de casa. Pero no puedes negarte a que te pidan una foto, porque el día que te niegues a eso, madre, te tendrás que retirar’. Mi hijo Manuel se ha convertido en mi madre.

“Lo que peor llevo de la gira es dormir fuera de mi casa y no ver a mi nieto. Por lo demás soy una privilegiada”

–La última vez que pasó por el Liceo estaba con “Reina Juana” y después comenzó con ‘El Funeral’ que suma ya casi dos años en los teatros, ¿se hace difícil la gira?

–He de decirte que lo que más me gusta es que yo me voy por la noche de los sitios. Antes me quedaba más tiempo, sobre todo en Salamanca. Llevo peor el dormir fuera de mi casa. Cada vez más. Y no ver a mi nieto que ya se ha hecho mayor y antes viajaba conmigo. Eso es lo único que hecho de menos en este momento porque el teatro es mi vida y fíjate la suerte que tengo de llenar y de cómo me tratan de bien mis compañeros. ¡Si es que soy una privilegiada!

–¿Le gustaría que su nieto siguiera sus pasos?

–El abuelo materno de mi nieto es Krull, que toca el piano y es compositor. Cecilia Krull, la madre es una de las cantantes de jazz más importantes de España y es la voz de “La casa de papel”. Pero me parece que mi nieto no va a salir artista. Él es muy divertido como su padre, mi hijo Paco. Mi hijo se dedica a hacer vídeos musicales y publicidad. Somos todos de esto y Manuel, mi hijo, no te quiero decir... Es autor, director...

–Manuel, su hijo, es el autor y director de ‘El Funeral’.

–Sí y me ha escrito otra obra para cuando termine ‘El Funeral’, maravillosa.

“Mi hijo me ha escrito otra obra maravillosa para cuando termine ‘El Funeral’ y no es una comedia”

–¿Puede adelantarnos algo?

–No porque hasta que Jesús Cimarro, de Pentación Espectáculos, no me autorice, no puedo. Esta vez no es una comedia, es otra cosa. Pero no puedo hablar hoy.

–En ‘El Funeral’ interpreta a Lucrecia Conti, una actriz muy importante que ha fallecido y reaparece como un fantasma en su velatorio, ¿qué tiene de Concha Velasco?

–No tiene nada que ver conmigo. Eso sí lo quiero aclarar. Verás, el otro día en Torrente, en Valencia, durante la gira, había caído lo que no estaba en los escritos. Y cuando empezó la función, el teatro lleno. Hay un momento de la función en la que Lucrecia Conti habla con el público. Y digo: ‘porque yo no fui nada, yo era una artista de medio pelo...’. Y me dice una del público: ‘¡Qué no, Conchita Velasco, que eres la más grande!. Yo, pausa, y digo: ‘Que no, que no soy yo, que soy Lucrecia Conti’. Me dice: ‘Cántanos la Chica Ye Yé’. Es un momento, en el que Manuel, autor y director, nos deja improvisar a Jordi Rebellón y a mí un poquito. Pero aquel día había caído tal y estaba el teatro tan lleno... Manuel no quiere que salude, ni hable, ni diga nada. Pero con la gente puesta de pie, les canté la ‘Chica Ye Yé’. Y ver a esta gente que había entrado en el teatro con botas de agua... pues me dejé llevar.

–¿Cómo está respondiendo el público?

–El público se pone de pie porque la función es muy divertida. Hoy en día todas las funciones que se están haciendo (no es una crítica, sino una realidad), están basadas en películas. Esta obra es absolutamente original. No está basada en nada. Es una obra sobrenatural para gente joven pero donde las personas mayores se lo pasan muy bien. Tengo que tener cuidado porque Lucrecia Conti es antipática y tengo que frenar el tono. ¡Hombre tiene cosas mías, claro! Pero que no soy yo.

–¿Una comedia es una función cómoda?

–Yo le dije a mi hijo, búscame una función cómoda y no veas que paliza... (risas). Como Lucrecia Conti es un fantasma, pues no veas... aparezco por las paredes. Es una función complicada. Somos cinco actores y cinco técnicos. Tiene muchos efectos y escaleras para arriba y para abajo, porque este fantasma aparece y desaparece. Le hacemos un homenaje a mi gran amigo el Mago Pop que nos ha enseñado cómo había que hacer los efectos y esas cosas. Al Mago Pop, a Juan Tamariz y a Reyes Abades, que en paz descanse, porque son los tres que nos han ayudado con los efectos. La obra está muy bien escrita y con unos diálogos preciosos. Hay gente que por ser hijo de, marido de... no cae muy bien, pero las sagas familiares de artistas son maravillosas. Qué decir de mi hermano, director de fotografía, y de mi sobrina Manuela Velasco que es la mejor actriz de este país de esa edad. No trabajamos juntas porque no nos han ofrecido nada que nos guste mucho a las dos. Si no, lo hubiéramos hecho. La saga Velasco está ahí.

“Acabo de hacerme un chequeo, cuatro años después de mi enfermedad y estoy muy bien, estupenda”

–Lleva 14 años en el teatro con Pentación Espectáculos y 10 años en series de televisión con Bambú, la productora de “Las chicas del cable”, donde también actúa.

–Me fui para hacer “Gran Hotel” y sigo trabajando con Bambú. “Las chicas del cable” en esta cuarta temporada ha tenido un éxito enorme.

–Y sigue al pie del cañón también con ‘Cine de Barrio’.

–Me quieren tanto y me cuidan tanto... Les digo que el día que decidan que no vaya, que no me manden un wasup, sino que me lo digan tranquilamente. Y me dicen: ‘Mientras tú quieras y tengas bien la cabeza, sepas estudiar tu papel y estés a la orden de tu director, tú estás aquí. Ahora eso sí, queremos saber cómo estás de salud’. Acabo de hacerme un chequeo, cuatro años después de mi enfermedad. Estoy muy bien, estoy estupenda y estoy contenta.

–¿Cómo hace para compaginarlo todo?

–Es que es una vocación, no tengo ningún secreto. A parte de que estuve enferma y hace 4 años me operaron. ¡Cómo me voy a quejar si voy a hacer 80 años el 29 de noviembre si Dios quiere y llego! Porque creyente soy y le doy las gracias al Señor todos los días porque mi familia y yo estemos bien. Cómo me voy a quejar. Tengo una vocación y no estoy aquí por casualidad. Siempre digo a los de prensa que os manden mi currículum real, no lo que viene en internet.

“Recuerdo el día que Nati Mistral me hizo bajar del hotel a las ocho de la mañana para pasear por Salamanca”

–¿Por qué no le gusta lo que pone en internet de su biografía?

–Cuando empezó internet, la gente empezó a meter cosas y no hay manera de borrarlas. Me han puesto cosas que no son como que debuté en la ópera de La Coruña. Sí es verdad que me he criado en Marruecos, mi padre era militar y mi madre maestra que lo dejó todo para casarse con mi padre, y cuando llegué a Madrid en el año 50 mi madre me matriculó en el Conservatorio de la calle San Bernardo para estudiar solfeo y clásico español y en la Escuela de Arenal para estudiar ballet de puntas. Tengo una beca para estudiar en Inglaterra. Lo que yo no sé si es verdad es que le dije a mi madre eso de “Mamá, quiero ser artista” o no. Seguramente se lo dije.

–¿Cuáles son sus ejemplos de vida?

–Tengo tres mujeres que son mi ejemplo de vida. Mi madre por encima de todas porque era una gran intelectual, una mujer culta y sensible. Y luego mi tía Carmina, casada con mi tío Alejandro, hermano de mi madre, ingeniero. Mi tía era la bondad, era buena hasta decir basta. Y sigo ese ejemplo porque yo protestaba de las cosas de la vida, me quejaba de mi exmarido y ella se callaba y me decía: “¿tú no tienes defectos? pues que suerte”. Eso se me ha quedado. Y la tercera es mi suegra Ernestina, que yo le llamo la mujer invisible, que era tan buena, no pedía nada y cómo quería a los nietos y en verano me ayudaba. Te daba las gracias por nada. A medida que me hago mayor, los recuerdos del pasado son mejores. Para mí otra mujer importante ha sido la actriz Mari Carrillo, que es mi actriz favorita española.

–¿Recuerda alguna anécdota de sus visitas a Salamanca?

–Tengo una con Nati Mistral. Hice con ella “Inés desabrochada” en 2003 y estuvimos en Salamanca. Yo la admiro mucho. Llegamos a Salamanca y Nati era andariega y yo siempre estoy cansada porque siempre estoy haciendo a la vez televisión, cine... tres cosas a la vez. Entonces se pone delante del hotel y me dice: ‘Baja’. Y le digo: ‘Nati, por Dios, que acabo de llegar de Madrid, que tengo que dormir dos horitas, que me voy a quedar afónica’. Y me responde: ‘Hazme el favor de bajar’. Me lo piden así y bajo y me dice: ‘Mira qué luz te he preparado en Salamanca’. Y me mató de aquel momento. Me había preparado la luz y Salamanca a las ocho de la mañana para que viera la ciudad, que yo acababa de acostarme. Y la acompañé.

“Tengo familia en Salamanca porque el hermano de mi padre era militar también y estaba en Matacán”

–Ese paseo seguro se le quedó grabado.

–Tengo muy buen recuerdo de Salamanca. Además tengo familia allí porque el hermano de mi padre era militar también y estaba en Matacán.

–No siempre los espectáculos tienen el éxito que uno espera.

–Los espectáculos que yo hacía con Paco Marsó eran tan caros... que todavía he terminado de pagar ‘¡Hello Dolly!’ hace poco. ¿eh? (risas). Pero no me importa. Creo que hemos hecho muy bien. Ahora que todo el mundo te graba y saca cosas de lo que sea, pues nunca me habrán visto a mí ni jugando ni en nada. Lo que sí es verdad que hemos hecho espectáculos estupendos y no todos han salido bien. ‘Carmen, Carmen’ fue un éxito pero todo lo que gané con él, lo perdí con ‘La Truhana’ que es maravillosa y con música y canciones mejores. Pero cuando tienes un éxito muy grande, lo que viene después, resulta que no, por mucho que te empeñes.

–Vendió su última casa para saldar su deuda con Hacienda, ¿cómo lo ha pasado?

– Me cambié de casa y tuve un llanto, un dolor... porque me he cambiado 15 veces de casa. Pero es que yo soy muy de adaptarme a las cosas. Qué duda cabe que tengo momentos de bajones. Analizo todo lo que me pasa en la vida, que le pasa a mucha gente del espectáculo, que no somos nada hormigas, somos todos más bien cigarras. Y me pregunto cómo es posible que supere todo. Si yo dijera que sí a todo el trabajo que me ofrecen, películas estupendas para mi edad que luego hacen otras actrices... series de televisión, teatro... ¡Si no puedo hacer más cosas de las que hago! ¡La casa ésta pues es monísima y ahora la miro y se me borra todo! Lo que sí es cierto es que cuando me pasan las cosas las tengo que llorar. El duelo lo tengo que pasar. Lloro hasta el fondo y me entristezco hasta el fondo. No es depresión. Es tristeza total, pero que luego se me pasa.

“Me gustaría morir lúcida, en mi casa”

–En la obra, el público asiste al velatorio de Lucrecia Conti. La muerte es un tema tabú, pero ¿ha pensado cómo quiere que sea su funeral?

–Sí. Yo tengo la tumba con mis padres y al lado está la del pobre Paco Marsó que ahora tendría la misma edad que Camilo Sexto. Camilo era una maravilla y cuánto me alegro que le hayan hecho ese homenaje en la SGAE, porque se habló mucho de su vida personal en las redes sociales y en los programas pero vendió 100 millones de discos. Yo quiero que me pongan ahí, con mis padres y Paco Marsó. Luego, que hagan lo que quieran. Yo ahí con ellos porque lo tengo escrito, lo saben mis hijos. Y claro, voy a hacer 80 años y tengo que pensar en que me tengo que morir.

–¿Cómo ve ahora la muerte?

–De otra manera. Cuando era niña me asustaba como a todos los niños. Nos inventamos que no pasa nada, que estamos aquí eternamente, que nos vamos a ir a otra galaxia... pero ya cuando se hace uno mayor pues eso está ahí y yo sólo le pido a Dios que me dé tiempo para pedir perdón, que sé que me va a perdonar, porque Dios perdona a todo el mundo sin que se lo pidan. Me gustaría estar lúcida, en mi casa. No me gustaría morir en el escenario, ¡no por Dios! ¡qué horror!. Con lo que me gustan los espectadores y lo que agradezco yo el haber vivido maravillosamente mi familia y yo gracias al público... no, no. Me gustaría tranquilamente, en mi casa, rodeada de los míos y pidiéndole perdón al Señor por el daño que he podido hacer voluntariamente. Ya llevo pidiendo perdón desde hace tiempo, eh... Me estoy quitando muchas piedras de la mochila.

–Tenemos Concha Velasco para rato

–Le pido a Dios estar así por lo menos dos años para estrenar la próxima obra. Para rato no sé, pero sí me gustaría terminar en Zamora en marzo de 2020 ‘El Funerla’ y estrenar la nueva obra. Por lo menos dos añitos, es lo que me pido. La verdad es que me cuido. Me hago mis revisiones médicas, cuido mi alimentación. Y no puedo comer ni chorizo... sólo pechuga de pavo y pechuga de pavo. Y de tanto abusar de la cortisona para las afonías y los catarros pues tengo un problema en los huesos de artrosis que no se puede hacer nada. Pues ya está. Pero eso sí, no me he operado de estética porque tengo una cara muy guapa. Me dicen: ¡jolín, qué guapa eres! y les digo: ‘¡Que soy Conchita Velasco, hija!’.

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