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Álvaro Urquijo.
Álvaro Urquijo, líder de Los Secretos: “El farinato es maravilloso y con huevos fritos se me saltan las lágrimas”

Álvaro Urquijo, líder de Los Secretos: “El farinato es maravilloso y con huevos fritos se me saltan las lágrimas”

“La capacidad para acabar fortalecidos tras los golpes es la bandera de Los Secretos” | “Si veo a Dylan o Van Morrison y no tocan las canciones que adoro, salgo enfadado”

Miércoles, 30 de marzo 2022, 15:02

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Álvaro Urquijo, que lleva más de 40 años sobre los escenarios, regresa con Los Secretos el 1 de abril al Palacio de Congresos de Salamanca.

–Salamanca le trae recuerdos familiares.

–Mi abuela era de Vitigudino y mi madre nació en Salamanca. Mis padre trabajó en la presa de Aldeadávila; iba con sus amigos a las fiestas de los pueblos cercanos y conoció a mi madre. Algo muy romántico. Mi padre era ingeniero técnico y estuvieron viviendo en una casita en Aldeadávila, de las que hacía la empresa para los trabajadores. Mi hermano Javier nació en Madrid, pero creció en Aldeadávila. Más tarde mis padres se trasladaron a Madrid.

––Tiene aún mucha familia en Salamanca.

–Les veo poquísimo y me siento fatal. Cuando desplazas a mucha gente, intentas minimizar gastos y, en pandemia, riesgos. Ya me gustará ir a Salamanca sin tener que trabajar, a disfrutar del maravilloso embutido con que nos hemos criado Los Secretos. Mis hermanos Enrique, Javier y yo, los tres fundadores del grupo, crecimos a base de chorizos y embutidos que nos enviaban de Vitigudino. Comíamos como limas.

–Y de farinato, que le sigue gustando.

–El farinato es de gourmets, Hace unos años actuamos en Ciudad Rodrigo, el alcalde nos regaló farinato y cuando lo comí con huevos fritos, se me saltaban las lágrimas. Donde esté el farinato, que se quite la morcilla... Es maravilloso. Los huevos con farinato están unidos a mi infancia.

–El concierto acústico de hace un año en Salamanca incluyó todos los éxitos de la banda.

–Si voy a ver a Bob Dylan o Van Morrison y no tocan las canciones que adoro (que me ha pasado), salgo enfadadísimo. Nosotros somos conscientes de que, después de 42 años de conciertos, nos debemos al público. El público es quien te dice cuánto vas a durar, cuáles de tus canciones van a ser un éxito y cuánto van a durar en los oídos de la gente. Por eso procuramos estar en forma, actualizados en cuanto a equipos y ahora con la gira “Recuperando emociones”, queremos no solo recuperar sensaciones que se perdieron con la pandemia, sino un show como el previsto para 2020.

–¿Cuál era el plan en aquel momento?

–En 2020 teníamos previstos 86 conciertos. Yo había hablado con el mánager y le había dicho: “En vez de ganar más dinero, vamos a invertir en un mejor equipo, en un espectáculo más grande, con más poderío escenográfico y con más excelencia”. Hemos partido en dos el show y en el esqueleto de nuestros éxitos van rescatadas otras canciones. Entrelazamos canciones famosas con otras menos conocidas pero que para nosotros estarían en un repertorio de relieve. Es una gozada tocar “Déjame” y “Pero a tu lado”, que la gente disfruta mucho, pero además hay canciones que merecen un paseito de vez en cuando. Creo que es un show acertado. Una colaboradora que se maneja muy bien con las redes sociales ha hecho una investigación para ver qué canciones en un listado de 100 se habían escuchado más en las plataformas de música y tenían más relevancia. Fijándonos en eso, hemos confeccionado el repertorio de esta gira.

–El público aprecia que el artista sea desprendido en sus espectáculos.

–En Los Secretos nunca ha primado que la popularidad o la fama sean igual a dinero. Primamos la honestidad musical y la seriedad a la hora de hacer los temas. Nosotros teníamos muchísimo cuidado en cada disco para hacer las cosas lo mejor posible: si grabas una canción y es mala, no puedes viajar al pasado y cambiarla. Los Secretos tenemos mucho respeto por la cultura, por las canciones. Quien conoce mucha música de mucha calidad quiere estar a ese nivel. El éxito en nuestro caso se ha conseguido vía esfuerzo, al componer buenas canciones y no parar hasta que estás contento con lo que tienes. En vez de pensar en hacer una colaboración con fulanito porque tiene no sé cuantos seguidores para continuar teniendo visitas en mis redes y ampliar mi fandom, mi número de fans, como dicen ahora.

–Los Secretos eran muy melómanos de jovencitos.

–No nos podíamos comprar todo lo que nos gustaba. Te podías comprar un disco de los Eagles, Steve Miller, dos de Dylan... Ahora estoy descubriendo canciones de los Beatles que no conocía: en su día entre los tres hermanos pudimos comprarnos dos discos recopilatorios dobles, el Álbum Rojo y Azul. Mi padre nos influyó muchísimo: era un melómano apasionado. Nos aconsejó muy bien culturalmente. Cuando éramos jovencísimos, él traía discos de Crosby, Stills, Nash & Young, Santana... Y en casa teníamos un buen equipo de música. En los 80 salía un disco bueno al año de los Pretenders, de U2, Police y había una serie de bandas que me encantaban, como Los Sinceros, los Romantics... grupos más pequeños que eran buenísimos. Había un aluvión de talento, con artistas como Van Morrison y Elvis Costello, que perdura.

–Ha escrito la biografía del grupo, “Siempre hay un precio”.

–Lo último que yo pensaba era sacar un libro porque no me considero escritor. Soy un intruso en un mundo que me parece complicadísimo. La ficción me parece un mundo apasionante, me encanta la lectura y yo no me veía como parte de ese mundo.

–¿Entonces?

–Cuando en 2019 hicimos un concierto muy bonito, homenajeando a mi hermano Enrique al cumplirse 20 años de su muerte, con 11.000 entradas vendidas en dos semanas, en muchas de las entrevistas que hice entonces me di cuenta de que había equívocos. Cuando Enrique murió tardaron casi dos meses en darnos el resultado de la autopsia a la familia y sin embargo, toda la prensa que escribió dio por sentado que había sido una sobredosis de heroína. Había cosas que estaban mal escritas en la historia.

Y al principio de la pandemia muere mi suegro, muere el padre de un amigo mío, un gran músico admirado por mí... Y en el tiempo libre que tenía durante el primer confinamiento, me planteé reunir en un escrito mis recuerdos porque tengo 59 tacos y me da miedo no acordarme de todo.

–¿Y se acordó?

–Hablé con gente, como los Mermelada, que estuvieron en el concierto de homenaje a Canito en 1980. Refresqué recuerdos y pensé en dejar un legado para mi hija o para hacer una película. Contacté con un amigo, Gonzalo Abadía, porque se me echaba una tarea muy gorda encima. Él transcribía nuestras conversaciones por Zoom, cuando llevábamos cinco le dio el trabajo en bruto a una amiga suya que trabajaba en una editorial y ella dijo: “Esto es genial; mandadme más cosas que esto es un libro”. Y ahí están mis recuerdos: cuando Los Secretos avanzábamos por el tablero, pasaba algo que nos llevaba a la cárcel de la Oca, a la casilla de salida. Esa resilencia, esa capacidad de salir fortalecido (en vez de hundido) tras los golpes, es nuestra bandera.

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