08 julio 2020
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We are the champions

26 jun 2020 / 03:00 H.

    Cuando en 2007 se desató en Estados Unidos la crisis de las hipotecas subprime, el Gobierno nos dijo que no nos preocupáramos; que sus efectos sobre la economía española serían mínimos gracias a que nuestro sistema financiero se encontraba entre los más sólidos del mundo. La depresión llegó poco después y fue preciso rescatar —sí, rescatar— a esos bancos y a esas cajas tan consistentes que hasta ese momento nos vendieron duros a cuatro pesetas. Dicen que apenas fueron 66.000 millones de euros los que hubo que poner para sacarlos del hoyo. Una minucia al alcance de cualquier contribuyente.

    Llegó la pandemia. Durante años se nos llenó la boca diciendo que no había otro país que dispusiera de un sistema de salud pública tan bueno. Sin embargo, todos conocemos la trágica trayectoria de nuestros -golpeados- hospitales durante los momentos más intensos de la crisis sanitaria, extraordinariamente aliviados por efecto del espeluznante triaje al que fueron sometidos los dos tercios de fallecidos totales, al menos, que sufrieron la fatalidad de contraer la enfermedad viviendo en una residencia de mayores.

    Creo que ha llegado el momento de la reflexión, del espíritu crítico y de la responsabilidad ciudadana. Algún día recordaremos este tiempo como aquél que pareció eterno y se nos pasó en un suspiro. Lo que no quiero es que los futuros libros de historia relaten la crónica de una sociedad idiotizada, atiborrada de analfabetos funcionales que tanto saben de algoritmos y de redes; de fiestas patronales amenizadas por alcaldes que besan y abrazan a ritmo de COVID; de botellones infinitos en la noche de San Juan poblados por manadas de potenciales asintomáticos; de polémicas, tan agrias como elevadas, entre Belén y Jorge Javier. Nunca pudimos saber tanto y nunca quisimos saber tan poco. Me ha salido la columna musical: cantemos “Que viva España”, que es un bonito pasodoble belga, y jaleemos los goles de la Selección gritando “Yo soy español, español, español” a ritmo de Kalinka.

    Si queremos ser realmente los mejores -aunque luego nos matemos en casa-, creo que debemos de cambiar mucho. Prevengamos y preparemos, por si acaso. Tengan cuidado ahí afuera, por favor.