17 abril 2021
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Vaciedades

30 ene 2021 / 03:00 H.

    Las neveras de las vacunas “estarán vacías”, gritan desde Cataluña; nos quedamos sin dosis, claman desde Madrid; Castilla y León –dice LA GACETA–, se indigna porque el gobierno no suministra las vacunas prometidas y tiene que ralentizar el ritmo, por si la segunda dosis no llega a tiempo; Salamanca –sigo con este diario–, sufre la mayor caída de población en medio siglo, por el aumento de fallecidos –culpables la pandemia y su pésima gestión gubernamental–, y por la pérdida de inmigración. Si ya pertenecíamos a la España vaciada, que alguien me diga como frenamos esta ruinosa despoblación. Que parejas poblarán las guarderías infantiles, los colegios rurales, la Salamanca del futuro.

    Si malo es el vacío de los frigoríficos donde se conservan las vacunas, pésimo es el vacío de las cámaras de los hosteleros, de las neveras particulares, y de las huchas de tantos españoles víctimas de la exclusión social, que rebuscando en el fondo de sus bolsillos, no encuentran ni un céntimo, solo borra, esa pelusa que se apodera de los bolsillos vacíos. Con excepción de algunos políticos, que los llenan, sea por lo civil, sea por lo penal, aspirando a ser los más ricos del cementerio.

    He tenido la fortuna de no padecer hambre, pero la conozco. La vi cerca en el colegio, durante la postguerra, donde por primera vez oí el trote del tercer caballo del Apocalipsis (hoy escuchamos el galope del cuarto jinete), con aquellos compañeros que, entre sus manos con sabañones, devoraban un chusco de pan moreno; en tiempos juveniles de las Conferencias de San Vicente Paúl, visitando y abastando hogares donde se juntaban el hambre y las ganas de comer; y estudié el gravísimo problema mundial cuando mi Ministro –Lamo de Espinosa–, ostentó la Presidencia de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

    Los periódicos informan hoy que el PIB español sufre el mayor desplome desde la guerra incivil. Ahora bien, el hambre se socorre, la economía se saneará (la derecha cuando vuelva), la vacuna acabará inyectándose, aunque queden en el camino los más vulnerables. Pero ¿qué hacemos con el aterrador vacío de valores humanos?. ¿Dónde están hoy los valores de la tolerancia, la solidaridad, el respeto, la lealtad o la honestidad?. ¿Están desaparecidos o solamente de vacaciones?. Quienes deberían dar ejemplo fallan, empezando –y me duele–, por el último Monarca, cuyo sucesor, Felipe VI, reina sin mácula. Algunos políticos –incluso de mi ideología–, constituyen un ejemplo de cómo no se debe actuar. Pero el campeón es el mismísimo presidente del Gobierno, que miente desde que era cromosoma, ha hecho de la transparencia opacidad, gobierna a golpe de decreto sin debatir en sede parlamentaria, y no sabe quién fue Maquiavelo, ni la separación de poderes. Siguen funcionando los enchufes y puertas giratorias. Lo último en indecencia, es colarse en las listas de vacunación. España en esta hora dolorosa, es un país de pícaros, tahúres y trileros. Quienes se creen más listos, postergan a quienes precisan cuanto antes esas dosis escamoteadas .

    ¿Valores?. ¿Qué coño es eso?. ¿Se refiere usted por un casual, don Estella, a las acciones que cotizan en Bolsa?. Pues no, las fluctuaciones de la renta variable son pequeñas comparadas con los cambios de algunos políticos, como Pedro Sánchez antes y travestido después de okupar la Moncloa. (Seguramente por eso, Alfonso Guerra bautizó a José Bono, como “bono convertible”). O sea, que para “valores”, los del IBEX 35.

    Mi generación creció buscando sentido a la vida, dispuesta a no dejar este mundo “con las manos vacías”, educada en los valores sociales. Nos lo inculcaban con la parábola de los talentos, el valor de la solidaridad y la concordia. Y, acordándome de mi amigo Pedro Méndez –que sabe muchísimo de cine–, con una famosa película de Nieves Conde, rodada en parte en Salamanca, a mediados del pasado siglo : “Balarrasa”, un señorito calavera que vende su guardia y su sustituto muere de un tiro, lo que le lleva al Seminario de San Carlos (la Clerecía) y al sacerdocio. El mayor impacto espiritual es la chica en trance de muerte, contemplando sus manos con desesperación: “Las tengo vacías, vacías”.

    Están vacías las neveras, no los neveros. Afortunadamente el temporal Filomena llenó de nieve las cumbres. Habrá ventisqueros en el unamuniano “espinazo de Castilla”, que acumulan su blancura. En sus andanzas escribió: “He trepado el montón de piedras que sustenta el risco de Almanzor, he descansado al pie de un ventisquero contemplando el imponente espectáculo del anfiteatro que ciñe a la laguna grande de Gredos...”. Así estará hoy. Yo observo nostálgico como brilla la sierra de Béjar nevada.

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