23 mayo 2022
  • Hola

Triste no, lo siguiente

24 ene 2022 / 03:00 H.

    La noticia saltaba a los medios locales, provinciales, regionales y nacionales. La prensa escrita, la radio y la televisión se hacían eco de ella en la mañana del pasado martes. Era una noticia de pueblo, concretamente de Arcediano, de esas que aún chirrían y te dan que pensar cuando las lees, las ves o las escuchas. En tiempos pasados seguramente llamaría más la atención o se diría que es propia de la España profunda. Hoy más bien creo que hemos de considerarla de la España superficial, vacía y vaciada como la sociedad misma o el corazón de muchas personas. Tenemos tan acostumbrado el oído y tan corta la mirada que somos incapaces de percatarnos de situaciones tristes, lamentables y dolorosas, e incluso percatándonos podemos hacer oídos sordos, bajar la mirada y dar la callada por respuesta. No son pocos los que me han dicho que “esas pobres mujeres estaban mal”, probablemente así sea, pero si ellas estaban mal, peor estamos quienes permitimos ese tipo de situaciones. El ictus pudo ser la causa de la muerte de esta mujer, ahora bien, mucho me temo que el ictus nos ha dado hace mucho tiempo a todos y nos está afectando al área afectiva, a la del compromiso y la preocupación por el otro. Nos escandalizamos con hechos puntuales que tachamos de inmorales, inadecuados, inapropiados, ... y sin embargo normalizamos discursos vacíos de contenido y, por supuesto, de la más mínima ética. Eso sin hacer mención a programas televisivos, que lejos de ser variados son más bien monotemáticos, centrados en las miserias de propios y extraños, generando unos modelos de referencia dañinos y lamentables. Es así como la España superficial y de los superficiales va tomando cuerpo y ganando terreno en el día a día. Leer las páginas de sucesos es suficientemente ilustrativo para tomar conciencia, si queremos, de las huecas conciencias. Ojalá tuviéramos la mitad de interés por dar culto al espíritu y al crecimiento y la madurez personal como el que tenemos por el cuerpo. Generar armarios empotrados, vacíos y huecos, entraña un grave riesgo que a medio y largo plazo traerá sus consecuencias. Eso sin entrar en las que ya se están viviendo de puertas para adentro en muchos hogares, donde la destrucción y la desestructuración va más allá de lo meramente material. No son pocas las familias, o lo que queda de ellas, que viven y sufren en silencio la violencia, enmascarada tras una triste sonrisa o una mirada sin ilusión. Triste no, lo siguiente. Así es la vida de muchos seres humanos, cada vez más. Que nadie me diga que soy pesimista o catastrofista, hablo con conocimiento de causa y con el dolor y la tristeza de muchos rostros y muchos corazones grabados en la retina. La miopía aún no ha tocado mis sentimientos, espero que a muchos tampoco.

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