01 marzo 2021
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Titulitis

    Según la Real Academia Española de la Lengua cuando hablamos de titulitis estamos ante una “valoración desmesurada de los títulos y certificados de estudios como garantía de los conocimientos de alguien”. A juzgar por la trayectoria que en materia de estudios y títulos estamos observando en los últimos tiempos, mucho me temo que la RAE va a tener que cambiar, no tardando, la definición que líneas más arriba ponía de manifiesto la explicación del término titulitis.

    Si don Quijote levantara la cabeza diría a su buen escudero algo así como: amigo Sancho innumerables son los que se aprestan a engordar su ego con ropajes de falsos y vanos títulos, ay amigo Sancho ya lo decía la Sagrada Escritura, “cuan necios y torpes sois, hombres de dura cerviz”. No le faltaría razón al ingenioso hidalgo si algo así dijese, pero sin duda alguna esta vergonzosa situación que estamos viviendo a cuenta de supuestos estudios y títulos caídos del cielo por obra y gracia de influencias varias, es más propia del pícaro Lazarillo, hijo de nuestra querida Salamanca. Algún día quienes han logrado los títulos en la tómbola de los “hermanos Cachichi” serán conscientes de aquello que decía más o menos y si no recuerdo mal, el bueno del sacerdote José Luis Cortés en uno de sus libros: “si nos quitan los títulos y la ropa nos quedamos en muy poquita cosa, pero auténtica”.

    Sin duda alguna andamos escasos de autenticidad y de honestidad, de humildad y de exigencia, de ética, de respeto y de unas cuantas cosas más, y gracias a Dios, con perdón para los progres trasnochados irreverentes e irrespetuosos que presumen de todo lo contrario, todo eso no nos toca en una tómbola. Sintiéndolo mucho por los trileros y falsificadores de títulos, así como por quienes hincan el codo para alcanzar los conocimientos verdaderos que permitan desempeñar su labor en la vida, no queda otra que esforzarse y luchar por ello. Es indignante que se pueda llevar la picaresca hasta tal extremo que hasta los pícaros de antaño han de sentir vergüenza de esta sinvergüenza actitud de tantos y el vergonzante comportamiento de muchos que vienen siendo los mismos, los hijos del todo vale y de el a mí qué me importa. Los hijos del desprecio a la honradez, al esfuerzo y la superación. Los hijos de la insolencia, la desfachatez, la vanidad y el desprecio a los demás. Los hijos de la mentira, la falsedad y el engaño. Uno no quiere ser profeta de calamidades, que ya bastantes hay sin entrar en detalles y vacunas, pero el país de pandereta en que nos estamos convirtiendo se está llenando de cabras subidas en la escalera. Lo peor de todo es que les riamos la gracia y nos parezca normal la rebaja educativa y moral que nos lleva a formar parte de los últimos de la clase.

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