27 septiembre 2020
  • Hola

Tampoco lo entendemos

10 ago 2020 / 03:00 H.

    Por ahí fuera no lo entienden», escribe en LA GACETA de ayer su director, Julián Ballestero, refiriéndose a la desagradable sorpresa que se ha llevado el mundo ante la desastrosa gestión sanitaria, política y económica que está haciendo la España (mal) gobernada por Pedro Sánchez y sus socios. Pero, querido amigo, por aquí dentro tampoco, tampoco lo entendemos. En las pocas reuniones sociales que nos permiten el sentido común y las medidas sanitarias, siempre se habla de lo mismo. De un país donde se tambalean de forma alarmante todas las instituciones, todas, mientras su máximo responsable ha entregado las cartas de la baraja a un Ejecutivo siniestro, satánico, sañudo, para que las juegue a su capricho y meta miedo a los españoles. Cuanto más miedo, mejor. Y aquí estamos. Temblequeando como tontainas, con más miedo que vergüenza, porque además de haber asumido que existe un bicho depredador e invisible entre nosotros, hemos aceptado sin rechistar a los insaciables hurones que el señor Presidente nos ha metido en la madriguera.

    Y no hacemos sino maldecir por lo bajini y barruntar que el otoño puede llegar a ser un gran funeral. ¿Cómo van a entender esto los de fuera? ¿Cómo que esa España bizarra, capaz de superar cuarenta años de dictadura y atrasos en armonía y tiempo récord, haya necesitado ahora tan poco tiempo para quebrarse social y económicamente, y ser un pésimo referente internacional? Triste romance es el que hoy vengo a cantar por los cordeles –diría el ciego. Nuestra ley electoral no nos permite tener una democracia justa, y nuestros votos son siclos de plata que llenan la bolsa de cualquier Judas para que este venda España a la Antiespaña. Nuestro Iscariote se llama Pedro Sánchez y hoy lunes andará curando las rebañaduras del acné con los vientos alisios de Lanzarote, para no tener que dar la cara y defenderse de su traición. Que lo entiendan o no los de fuera o los de dentro, a él plin. Lo que le importa es poder darse un buen baño y sacudirse la calor.