05 octubre 2022
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Sequía

17 ago 2022 / 03:00 H.

    Si mes ves, llora” es la más dramática de las inscripciones que aparecen en las centenarias “Hungersteine” (piedras del hambre), que el descenso del caudal de los ríos europeos vuelve a dejar al descubierto este verano. Mucho antes de que comenzásemos a escuchar los lamentos por el cambio climático, en periódicas sequías extremas, nuestros antepasados dejaron testimonio labrado en piedra de los años malditos en los que las cosechas se malograron por la falta de agua y se vivieron las consecuentes hambrunas. A la altura de Worms, el poderoso Rin permite ver este verano inscripciones fechadas en 1857, 1947, 1959 y 1963. En los alrededores de Dresde, las del Elba se remontan a 1873 y, a su paso por la ciudad checa de Decin, a 1417. Este macabro destape de los grandes brazos fluviales de Europa nos pone a todos en nuestro sitio en relación con la naturaleza. Pero no alcanza a conmovernos. Lo cierto es que seguimos en la piscina, indolentes, mientras hay ganaderos obligados a acarrear a diario desde kilómetros de distancia el agua que no llega a las explotaciones, si es que quieren mantener vivos a los animales, y mientras el secretario de Estado de Medio Ambiente culpa al regadío, como si en cuanto dejásemos de regar fuese a empezar a llover.

    Debemos estar prevenidos, porque la sequía nos predispone a la inquina. “A lo ancho del ensangrentado atardecer de septiembre, resultado de los sesenta y dos días pasados sin que lloviera, se propagó como el fuego en la sequedad de la hierba el rumor”, describió William Faulkner su “Dry September”. Esa escasez de agua, que tanto nos desquicia y somete, puede desencadenar por otra parte transformaciones innovadoras, nuevos mecanismos de supervivencia, como leímos de la pluma de James Graham Ballard. Quizá las bombas solares o las nuevas fórmulas de recogida de agua de lluvia nos sirvan para empezar a luchan contra la sequía durante el próximo invierno. UPA y COAG exigen a Mañueco que convoque la Mesa Regional de la Seguía y bien está empezar a hablar del asunto, aunque mucho me temo que Mañueco no tiene competencia sobre las nubes ni es diestro en el arte de la danza de la lluvia.

    Mucho más cerca, mucho más desde las entrañas, Delibes, con su prosa pétrea, casi lapidaria, como la de las “Hungersteine”, ya nos dejó escrito en “Castilla habla” que la sequía es el primero de los problemas de Castilla y León, por delante incluso de la pobreza, el individualismo, la despoblación, el envejecimiento, la contaminación, el abandono oficial y la desconfianza”. Si no me equivoco, el diagnóstico data de 1997.

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