15 octubre 2021
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Rojos y azules

06 may 2021 / 03:00 H.

    Según cuentan los monteros —entiéndase por monteros aquellos que cazan y no los que yazcan, o hayan yacido, con la ministra de Igualdad (que tiene derecho a yacer con quien quiera, faltaría más) —; al puerco no hay que dejarlo herido pues, si esto ocurre, se revolverá y se tirará a por uno.

    La bestia roja está herida, y los españoles corremos el riesgo de padecer una buena hocicada.

    Estas últimas semanas he visto con temor que España ha abandonado, definitivamente, la cordura para adentrarse en los peligrosos senderos de la exaltación. Me parece bien y natural que, cuando estamos en periodo electoral, los partidos repartan globos, besen niños y nos aburran con sus mentiras. Pero esta comedia sobrepasa la vergüenza ajena.

    A los españoles lo que nos importa es trabajar, hacer una vida y ver crecer a nuestros hijos. Ponerle faldas a los semáforos o gastar los millones que no tenemos en el estudio del impacto de los piropos no aporta nada.

    ¿Acaso aporta algo al debate que el ministro de Transportes, el chico de las maletas venezolano, sugiera que doña Ayuso es una promiscua?, ¿o una tabernaria?, como dice fray Tezanos de la orden del orujo. El nivel de nuestros políticos ha bajado tanto que Chepapig necesita decir que está en la cruceta de un facha mientras lloriquea que le llaman rata para deshumanizarle. Incluso, han amagado un pucherazo electoral con los votos por correo. Pablo, ¿hay alguien conduciendo debajo de tu moño? ¿Tomas a los españoles por gilipollas? ¿Cómo pretendes que alguien te vote cuando no ofreces ni una sola idea realista a los verdaderos problemas de los ciudadanos? Eres un demente megalómano. Pones al comunismo por encima de la libertad, ¿y te extrañas de que te escupan por la calle?

    En vista de que Carmen Calvo sólo es capaz de rebatir los datos fehacientes sobre los menas apelando a los sentimientos yo ya me espero cualquier cosa.

    ¡Muerte al discurso pragmático! ¿Argumentos?, ¡para qué!

    Engañarán —a los que se dejen— con sucias mañas, pero no convencerán.

    El propio comunismo ha dinamitado los pilares de la razón —si alguna vez los tuvo—. Ahora, desnudo de argumentos, sólo le queda dar testarazos violentos, intentando mantenerse con vida. La crispación que hemos visto estos días es el avance de la película que nos tiene preparada Pedro Chávez.

    Estamos volviendo a esa España cainita y preguerracivilista en la que una amalgama de separatistas, comunistas y chupópteros varios arengaban a los suyos para salir a matar al que se oponía a sus cambalaches. Volvemos a esa España rancia en la que se exaltaba el odio más vehemente entre hermanos, entre rojos y azules y ateos y católicos.

    El descalabro en Madrid ha sentado en la Moncloa como una coz en los campañones y Pedro Sánchez, como mandan los cánones de la tiranía y el despotismo, no tiene buen perder.

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