05 agosto 2020
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Reflexión en Lunes de Aguas

20 abr 2020 / 03:00 H.
Isabel Bernardo Fernández
Esto son lentejas

Qué nos sucedió en solo una noche, amigos? –se preguntó en un verso el poeta bosnio Izet Sarajlic, reflexionando sobre todo lo que estaba sucediendo a su alrededor en el “Diario de guerra de Sarajevo”–. La poesía de los Balcanes viene a hacerse hoy un látigo sobre nuestros sentidos, en una actualidad que, en poco más de una noche, nos ha llenado de confusión, de dolor, de soledad, de muertos, de miedo.

Desde todos los ámbitos sociales se han puesto en marcha iniciativas para intentar no caer en la desesperanza: se ha abierto la vecindad de los balcones; ha llegado aprisa la generosidad de pequeñas y grandes empresas, la solidaridad de los jóvenes; se han echado a rodar por las calles las sirenas de la policía y las ambulancias, para que no nos estalle en los oídos tanto silencio; y además, la Cultura, siempre la Cultura, en ese ejercicio gratuito o (mal) pagado que viene haciendo en tiempos de crisis y no crisis, se ha puesto en modo on line para entretenernos con toda suerte de música, representaciones y poemas. Pero, –como escribiera también Sarajlic– ¿puede un poema sobre el mirlo sustituir el canto del mirlo? Nunca, señor presidente, nunca. Sí, me estoy dirigiendo a usted, Pedro Sánchez. Por mucho que su señoría intente vendernos los primeros cien días hojaldrados de su gobierno, como si fuera un buen hornazo. Hace falta ser ruin para hablar con ese optimismo insólito y desvergonzado, cuyo único objetivo es encubrir las venenosas chichas que tiene reservadas para los que sobrevivan. Los secretismos sibilinos con su socio Pablo Iglesias, la soberbia humillante de su portavoz Montero, las apariciones espectrales de Fernando Simón, el caos de datos... Acaso, ¿no se ha preguntado que el bicho invisible no nos daría tanto miedo, si usted no tuviera las alimañas que le acompañan en Moncloa? No, no lo ha hecho.

De otro modo no hubiera presumido el pasado sábado de responsabilidad. Ser responsable exige no tener bichos guardados para que, tras la desescalada, salgan y nos coman.