20 septiembre 2019
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Reciclándonos

17 ago 2019 / 03:00 H.
María Eugenia Bueno Pastor
Con ojos de mujer

El siglo XXI lleva camino de su primer cuarto y si hay algo que hemos aprendido en estos últimos tiempos, es la importancia de adaptarnos y comprender que determinados usos, por históricos que parezcan, han de desaparecer. ¿Quién nos iba a decir hace poco a los españoles que tendríamos que ponernos todos los pasajeros el cinturón de seguridad? Les recuerdo que en España su uso obligatorio no fue impuesto hasta el no tan lejano año 1975 y los pasajeros de las plazas traseras, no se lo tenían que abrochar obligatoriamente hasta el año de las olimpiadas de Barcelona. En la actualidad las mujeres visitamos un mínimo de una vez anual al ginecólogo, cuando tiempo atrás lo hacían una vez en la vida, independientemente del estado civil y la edad. Una de las mejores cosas que hizo el gobierno de Zapatero fue la Ley Antitabaco, que entró en vigor el 1 de enero de 2006, aunque algunos aspectos de la ley no lo hicieron hasta septiembre de 2006 y enero de 2007, y cuya medida más importante fue la prohibición de fumar en lugares en los que hasta esa fecha estaba permitido, tanto públicos como privados, medios de transporte, bares... Nos pareció imposible, pero después de unos años no podemos estar más agradecidos una inmensa mayoría. Todos estos cambios y muchos más, se hicieron en pro de la salud y la mejora de la calidad de vida. Al final es el conocimiento, la responsabilidad y el respeto, los que nos hacen reflexionar sobre nuestros comportamientos y la necesidad de cambiarlos.

Este ojo que observa, insiste en que reciclar es la única manera de ayudar al planeta a sobrevivir. Tenemos la obligación de dejar en herencia un mundo habitable y tal como vamos, nuestros nietos no podrán disfrutar de lo que nosotros tuvimos en la infancia. Vidrios, papeles, plásticos, residuos metálicos, componentes tecnológicos...y un sinfín de elementos que agreden inmisericordes tierra, agua y aire, son el reflejo de nuestra realidad. Ser conscientes de que una playa está compuesta por infinidad de granos de arena, nos ha de bastar para comprender que las acciones individuales forman un todo. No sólo son las medidas a nivel mundial o estatal, todo comienza con nuestra actitud personal. Reflexionar sobre este pensamiento ha de llevarnos a comportamientos compatibles con el respeto a nosotros mismos, al de los demás y al de nuestro sustento planetario. Muchas veces solemos actuar inconscientemente y llevados por la prisa hacemos las cosas mal y créanme, hacerlas bien nos ocupa el mismo tiempo. Si cada uno en la intimidad de nuestras casas, oficinas, trabajos, vacaciones,... respetamos nuestro entorno y lo consideramos “nuestro hogar” estaremos colaborando a fomentar una cultura en la que desechemos definitivamente malos usos y costumbres, que aun siendo centenarios, no son lo que necesitamos como especie ni como planeta. Este es el único camino para hacer la vida sostenible.

¡No hay que esperar más, hay que empezar ya! con una postura individual y de ejemplo. Sólo así se consiguen los objetivos. Lo siguiente será la sanción, por desgracia.