17 agosto 2022
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Pragmatismo

11 abr 2022 / 03:00 H.

    Hay tres cosas que no podemos aspirar a lograr con el razonamiento: la certeza absoluta, la precisión absoluta y la universalidad absoluta”. Esto lo dijo Charles Sanders Peirce, un reconocido filósofo y científico estadounidense del siglo XIX que destacó tanto en astronomía, geodesia y matemáticas como en semiótica. Creía en la existencia de la verdad, pero no en la capacidad humana de acceder a ella, al menos en su totalidad, de modo que proponía, para manejar situaciones o conceptos irresolubles, la “práctica inteligente”, que consiste en prescindir del fundamentalismo y desarrollar la aceptación de la contingencia. Entre otros galardones intelectuales, es considerado el padre del pragmatismo. Nadie ha podido explicar por qué a mitad de su vida se cambió de nombre. Sustituyó el Sanders por el español Santiago y se quedó tan ancho. Hay quien piensa que fue en honor de su amigo William James y otros que, por su segunda mujer, que procedía de España y a través de la que conoció la mística del Camino de Santiago. Fuera por el motivo que fuera, yo lo percibo como un guiño, un amoroso reproche o llamada de atención a este país nuestro dividido por las ideologías, que son a la política como Ikea a los muebles, esquemas y soluciones prefabricadas que no amueblan las cabezas en condiciones. Como mucho, algún minipiso pseudointelectual. Me gustaría ver sentado a Peirce en la sesión de investidura de hoy, que podría entrar en esa categoría de situaciones o conceptos irresolubles en la medida en la que no satisface a nadie y ninguno de los partidos ve en ella su verdad absoluta. El PP no deseaba esta constelación. El PSOE no tuvo la decencia de evitarla. Los partidos localistas no logran la relevancia que necesitan y Vox, seguramente deslumbrado por el espejismo del éxito, está cometiendo sus primeros errores antes incluso de ocupar esos cargos por los que tan obscenamente ha pujado. Sin embargo, la legislatura no se presentaría tan irresoluble si nos centrásemos en el hecho de que los problemas de Castilla y León no son los mismos que los problemas de los partidos políticos de Castilla y León. Los problemas de los partidos tienen que ver con las encuestas, con la supervivencia política y con el acceso y el mantenimiento en el poder, mientras que nuestros verdaderos y más urgentes problemas son hacer llegar a todos el sistema sanitario, frenar la despoblación, hacer llegar el dinero europeo a la economía real, apuntalar la calidad del sistema educativo, eliminar el paro juvenil, paliar la pauperización que arrastran los precios desbocados y llegar al siglo XXI en materia de comunicaciones y conectividad, lo que incluye desde la fibra óptica hasta las conexiones de transporte público. En estas cuestiones no hay otra opción que el pragmatismo ajeno a las ideologías de cada uno de los partidos, cuya integridad pasa por facilitar rápidos y eficaces acuerdos, porque se trata de problemas que afectan muy dolorosamente a los votantes, tanto de unos como de otros. Antes de entrar a la sesión de investidura, yo los pasaría a todos por una cámara de esterilización, para eliminar la bacteria de la táctica política, y les inyectaría una dosis de responsabilidad pública, con segunda dosis de refuerzo a mitad de legislatura. Conduciría a los procuradores a través de un ascensor que descendiese desde el Olimpo de la estrategia de partido a la realidad de los ciudadanos. “Lo real es aquella cosa cuyos caracteres son independientes de lo que cualquiera pueda pensar que dicha cosa es”, dejó escrito Peirce entre sus más de 80.000 páginas. Y una vez sentados en sus escaños, eso sí, les recordaría que no están solos. La sociedad civil de Castilla y León es riquísima en asociaciones y foros de debate que están deseando ayudar a solucionar problemas y que pueden aportar puntos de vista valiosos, muy a tener en cuenta. La sociedad castellanoleonesa es bastante más plural, sensata y libre que sus partidos, a menudo castrados desde Madrid. Y me despido con una última cita de Peirce: “Todo lo que la experiencia vale la pena que nos enseñe, nos lo enseña por sorpresa”.

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