28 noviembre 2022
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Padres e hijos

25 sep 2022 / 03:00 H.

    En el informe gubernamental titulado España 2050 se lee: ”En el pasado, España logró poner en marcha un potente ascensor social que permitió que muchas personas progresasen y lograsen una posición mejor que la que habían tenido sus padres. A partir de mediados de los noventa, sin embargo, este ascensor fue oxidándose y funcionando cada vez peor”.

    Se puede concluir que el nivel educativo medio de la población aumentó; sin embargo, las desigualdades debidas al origen social se mantuvieron. Hay mucha diferencia entre las personas nacidas a principios de la centuria y las que lo hicieron a partir de los años sesenta, que superaron con mucho los niveles formativos de sus padres y accedieron a trabajos mejores en el sector servicios y profesionales.

    Además, la desigualdad en España está a la cola de la UE, sólo por delante de Rumanía y Bulgaria.

    Pero el progreso social solo se produce cuando hay una expansión educativa y desde los años ochenta no ha sido así. La igualdad de oportunidades educativas se mantiene estable.

    Refiriéndose al año 2019, el INE, en su encuesta de condiciones de vida muestra que mientras crece el nivel educativo de los hijos de padres con bajos estudios, ese progreso no se plasma en los ingresos. Otro estudio de finales de 2020 del Alto Comisionado contra la pobreza infantil pone de manifiesto que el 45% de los nacidos en un entorno educativo bajo no superan ese nivel. En cambio, entre quienes se criaron en un entorno con nivel educativo alto sólo el 7% no supera el nivel educativo bajo.

    Por otro lado, no parece que el sistema de becas sea capaz, por sí mismo, de torcer esta mala tendencia, entre otras cosas porque que falla la gestión, se pagan tarde y muchas familias no pueden anticipar el dinero. El gasto medio en enseñanza es de 437 euros anuales por hogar, aunque en comunidades como la de Madrid se duplica.

    Naturalmente, esta situación educativa se traslada luego al mercado laboral. Así, el paro de la población entre 25 y 35 años fue en 2021 del 32,3% para las personas con titulación de primaria, del 26,6% para los que alcanzaron la primera etapa de secundaria, del 18,3% para los que superaron la segunda y del 13% para los universitarios.

    Estos últimos datos muestran que, con las dificultades señaladas más arriba, la Universidad –aunque menos que antaño- sigue jugando un papel positivo en el campo laboral, pero los hijos de inmigrantes casi nunca llegan a la Universidad. Un dato significativo a la hora de medir la integración social de la inmigración.

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