08 julio 2020
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La tuerta Calviño

26 jun 2020 / 03:00 H.

    En tierra de ciegos el tuerto es rey”, dice uno de los refranes más populares, que traigo hoy a colación debido a la sobrevaloración de la vicepresidenta tercera y ministra de Economía, Nadia Calviño. Pedro Sánchez anunció ayer, después de unos días en los que no se sabía si iba o venia, que presenta a Calviño como candidata a la presidencia del Eurogrupo. Antes de nada, es necesario dejar claro que Nadia deberá seguir siendo ministra en España para ser elegida presidenta de citado Eurogrupo, que no es otra cosa que la reunión de los titulares de Economía de la zona euro (los países, que como España, tienen esta moneda común). Es decir, que Calviño no se va a volver a Bruselas, como ella quisiera, sino que tendrá que permanecer por estos lares, con frecuentes escapadas, eso sí, a la capital comunitaria.

    Desde una parte del Gobierno (la de los sanchistas) se nos está intentando vender a Nadia Calviño como una estrella fulgurante de la gestión económica. Se han sumado a esta tesis diversos círculos empresariales y medios de comunicación. Y nada más lejos de la realidad: Nadia Calviño es de lo menos malo que pulula por el Gobierno, pero eso no significa que sea buena o brillante. Ha llegado tan alto porque ha tenido un padre y dos padrinos muy importantes e influyentes y, además, ha estado en los sitios justos en los momentos oportunos. Cuestión de suerte, vaya. El padre es José María Calviño, primer director general de RTVE con el PSOE en 1982. Tras un fugaz paso por la Administración española sentó sus reales en Bruselas gracias a dos padrinos, Joaquin Almunia y Pedro Solbes, o viceversa, como se prefiera, cuando estos fueron miembros de la Comisión Europea.

    A la chita callando, y más rápidamente de lo habitual, Nadia fue escalando puestos en el escalafón de funcionarios comunitarios a base de padrinazgo, intrigas por los pasillos comunitarios y ambición, mucha ambición. A eso ayudó también el hecho de ser mujer. Terminó de directora general de Presupuestos en la Comisión Europea y de ahí salió catapultada, sin tener experiencia política, al Ministerio de Economía, cuando se produjo la moción de censura y Sánchez se instaló en la Moncloa. Todo ello, para adquirir experiencia política como paso previo para volver a Bruselas de comisaria. El problema es que Sánchez no es de mucho de fiar y, además, Borrell se cruzó en el camino. Y aquí sigue doña Nadia, lidiando con los de Podemos y con el presidente del Gobierno. Es una eurócrata ambiciosa, que, como casi todos ellos, mira a los demás por encima del hombro. Pero eso no significa que sea buena, solo que es menos mala que, por ejemplo, Yolanda Díaz, la ministra de Trabajo. Vamos, la tuerta en el reino de los ciegos.