04 octubre 2022
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La residencia provincial de niños de San José

23 sep 2022 / 03:00 H.

    La Diputación salmantina durante mucho tiempo sopesó la separación de los niños huérfanos, de los ancianos desamparados, en el Hospicio de la calle de Fonseca. En 1934 el arquitecto provincial Eduardo Lozano Lardet se encarga de confeccionar los planos para una nueva residencia con capacidad para 160 niños, exponiéndose la maqueta en el Ayuntamiento, en abril del citado año, confeccionada por el artista Pepe Suárez. Se subastan las obras en 265.000 pesetas pagaderas en 3 años y se adjudican al contratista Jacinto García Berrocal, para su conclusión en la primavera de 1935.

    En 1933 el Ministerio de Agricultura había cedido a la Diputación los terrenos de la granja escuela, edificada en 1912 según los planos del ingeniero Jesús Miranda González, destinado como responsable de la Jefatura Agronómica de Salamanca en 1911, casado con la salmantina Romana de Onís García y son los terrenos que se aprovechan para la nueva Residencia.

    Se ubica en lo alto del barrio de la Prosperidad, por aquel entonces deshabitado, entre las calles Príncipe de Vergara, Alonso del Castillo, Almansa y El Greco, con la entrada principal por Vergara, 26 y a partir de 1960 se hacen cargo las Hermanas de la Caridad, comenzando a denominarse Residencia de san José, lo que hasta entonces se había conocido como “La Resi”.

    Consta la residencia de varios pabellones, algunos rehabilitados de la granja escuela y la mayoría de nueva construcción. Los pabellones 1 y 2 tienen dos plantas y se destinan a dormitorios, galerías de estar, cuartos de aseo, servicios, vigilantes, etc. El número 3 alberga el comedor central y terraza en la planta segunda para las Hermanas de la Caridad y otra para los bebés. El 4, la cocina, office, cámara frigorífica, almacén de víveres, etc. y en el principal los dormitorios de las Hermanas. En la planta baja del 5, dormitorios con hileras de camas unipersonales, cuartos de aseo, servicios, etc. y en la planta alta, enfermería y departamento de la servidumbre.

    El pabellón 6 alberga, gimnasio, salón de actos, cine-teatro, y sala de juegos. El 7, los lavaderos. El 8, son dependencias. El 9, baños, solarium y duchas. El 10 contiene las cabinas-vestuario para la playa artificial. El 11, la piscina al aire libre de 20 x 10 m y el 12, es el campo de futbol, frontón, tenis, pista para patinaje y juegos.

    Por falta de presupuesto se paralizaron las obras cuando se encontraban casi terminadas y no se concluyeron hasta 1958, supervisadas por el arquitecto Buenaventura Vicente, aunque la residencia funcionó con normalidad en su atención a los niños. Durante la guerra sus instalaciones sirvieron como cuartel de las Fuerzas Legionarias del Servicio de Guerra Química.

    En la guerra y la posguerra los niños de 11 a 15 años fueron alistados y equipados como “flechas” y tomaban parte en todos los desfiles que se celebraban por cualquier acontecimiento. Las categorías de niños en las filas de Falange era: “Pelayos” de 7 a 10 años; “Flechas” de 11 a 15 y “Cadetes de 15 a 18. La primera estrofa de la canción que entonaban en sus desfiles era: ¡En pie, Flechas de España! / Falange es victoriosa. / Dame el fusil pequeño / que suena ya una clara voz!

    En los días finales de 1942 fue abandonado delante de un machón del ayuntamiento el niño de 5 años Bonifacio Rodríguez Paudel, que había traído su padre desde Madrid y, recogido por un municipal le dio refugio en el cercano Cuerpo de Guardia. Otro número de la plantilla, José María Hernández García, se lo llevó a su domicilio para que pasara la noche y tuviera alojamiento, mientras se hacían los trámites para adoptarlo. Las autoridades no lo permitieron y pasados unos meses fue internado en la residencia, donde los domingos era visitado por la familia, fue apadrinado en su primera comunión, salía los domingos a pasar el día con ellos en la calle de Zamora y a los 16 años le dio trabajo como aprendiz en su taller de carpintería en la calle de la Luna. Cuando parecía haber asentado su vida en Salamanca, desapareció sin dejar rastro.

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