17 abril 2021
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La “loba” Teresa

13 feb 2021 / 03:00 H.

    Merodea el lobo. Algunos advertimos que llegaba al Gobierno social-comunista una manada, cuyo macho alfa -Iglesias-, había enharinado sus patas, como el del cuento, para engañar incautos. Han empezado a morder con saña. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico no está formado por mansos borregos, sino mayormente por ecolojetas. Por tanto, ¡viva el lobo!, y que San Francisco de Asís proteja a becerros, corderos, etc. La ministra Teresa Ribera no habrá leído a Ortega porque es enemiga de “La caza y los toros”. Su director general de Protección Animal sostiene que “beber leche es maltrato animal” (¡), y que somos “el único mamífero que le roba la leche a otra especie”. ¿Creerá como sus colegas veganas, que “los gallos violan a las gallinas”? Sucede que están a punto de consumar el disparate de prohibir la caza del lobo. Se multiplicarían las manadas y por tanto sus ataques, ahora 7 diarios, con 11 víctimas entre sus fauces. Y es que gobernando, se pueden perpetrar más destrozos –derricias dicen en mi pueblo-, que los lobos con sus colmillos.

    Los mayores nos criamos con “Caperucita” y la cultura del miedo al lobo. No existía aquella idílica convivencia del profeta Isaías, cuando el hermano lobo bebía junto a la oveja, y los niños jugaban con los alacranes. En el colegio leíamos el secular Romance de la “loba vieja, patituerta, cana y parda, que tenía los colmillos como punta de navaja”, que entró en la majada y se llevó la borrega blanca, hija de la oveja churra. Pero los salmantinos, teníamos - además -, a Gabriel y Galán, que nos encogía el ombligo con “Mi vaquerillo”, que el amo manda para casa porque de noche pudieran “matarle los lobos”; luego con otro ejemplar que degüella a la “Galana”, la cabra que daba de mamar a una recién nacida y huérfana; y por si faltaba crueldad lobera, cuenta como en una noche “cuando errabundas/ aullando vagan,/ lobas paridas/ por las cañadas,/ con unos ojos/ como las brasas”, fue “por lobos fieros/ ¡ay! devorada”, la cabrerilla de Casablanca (doce añitos). Con Félix R. de la Fuente, casi se nos olvidó lo malvado que era el cánido.

    Una noche me pareció escucharlo. “Hacía años que no oía silbar la teja del lobo. La mandó colocar mi bisabuelo en la casa serrana, coronando la albardilla del tejado. Cuando el viento helado soplara en las noches de invierno, y rozara la teja convexa, se podría oír un silbido similar al aullido del lobo. Mis mayores me contaron que cuando de noche la escuchaban, soltaban al mastín con su carlanca y descolgaban la escopeta, acariciando el guarda-montes. Era la señal de que la manada tenía hambre y el jefe descendía del sierro inmediato, a trote lobero, para llevar comida a sus lobeznos...” (perdón, lo escribí en estas páginas hace diez años). Pero verlo, solamente lo he visto una vez en mi vida, durante un ojeo de perdices en “El Gardón” de los hermanos Benito, lindante con la Raya (nunca supimos si el animal era portugués o español). Fue Richard San Román quién gritó “¡el lobo, el lobo!”. Atravesó tan campante la armada, como si supiera que ninguno dispararíamos. Impresiona, supongo que también por su fama de asesino.

    ¿Asesino el lobo?, se alborotan los progres. ¡Facha!, replican. Pero cuando se llevan soportados en los últimos años 2.500 ataques y 4.000 animales muertos... El lobo va a lo suyo, entra al rebaño y sin ponerse servilleta ni bendecir los alimentos -¡qué desconsiderado!-, perpetra una matanza para aprovechar solamente unos kilos de carne. Con el propósito del Gobierno social-comunista de protegerlo, ¿va a ser verdad lo del viejo Plauto, homo homini lupus, que el hombre es un lobo para el hombre? He escuchado en la COPE a Donaciano Dujo, presidente de ASAJA en CyL, que Ribera es una “mala ministra y una mala persona”. ¿Será entonces una especie de loba parda como la del romance anónimo? Porque hace falta cuajo para sostener que “no habrá retroceso” viendo animales devorados, como el becerro del maestro “Capea”, que hubiera llegado a toro bravo soñando “verónicas de alhelí”. El torero ofrecía una solución equilibrada: el control de su caza. Un biólogo de la categoría de Juan Delibes ya la patrocinó en Salamanca en 2018. Pero hoy el equilibrio no cotiza. La ministra no es precisamente la abuela de “Caperucita”. Ni siquiera la mujer-loba que cantaba Marifé de Triana, que debiendo serlo -repudiada por un cobarde-, no la dejaba el corazón. Lo cierto es que disponiendo del BOE, doña Teresa tiene más peligro que los colmillos de una loba. Si Sánchez la deja hincarlos, claro.

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