26 enero 2022
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La ley y el orden

29 nov 2021 / 03:00 H.

    Ciertamente tengo la sensación de navegar cada día más en un mar de confusiones, eso sin profundizar en la que promete ser la obra póstuma de Antonio Escohotado, donde sus experiencias personales y su diálogo con las drogas darán mucho para hablar y reflexionar. Aun siendo esto un deporte en decadencia para gran parte de los humanos en general y de muchos españoles en particular. No sé por qué me vienen a la mente unas líneas de un libro que un buen amigo, y creo gran persona, me recomendó hace tiempo en las que Graham Greene, según Francisco Prieto, “expone uno de los grandes dramas de la vida: la tensión entre los idealistas, que creen en un mundo mejor, y los desencantados, que vienen de regreso de todas las experiencias”.

    En verdad creo que, unos antes y otros después, todos nos movemos en ese espacio de incertidumbre, donde el viento de nuestros sentimientos nos mece muchas veces a su antojo dentro de esa caja de Pandora que todos llevamos dentro. En menuda caja de Pandora estamos convirtiendo el planeta y, si vamos de más a menos, lo mismo ocurre con España, Castilla y León, Salamanca y hasta tu vida y la mía. Me temo que la nueva ley de seguridad ciudadana tampoco pondrá mucha luz, calma y sosiego, sino más bien todo lo contrario a juzgar por las distintas y encontradas opiniones de propios y extraños.

    Si algún día maduramos en lugar de ponernos pochos, a lo mejor tomamos conciencia de que la ley y el orden o la interiorizamos como algo necesario para una convivencia adecuada y en paz o por mucho papel escrito siempre será papel mojado. A lo mejor sería bueno volver a la sencillez de nuestros antepasados: “No las hagas, no las temas”. La ley, la norma y el dogma se quedarán siempre pobres, si no se entiende y asume la necesidad y el sentido de las mismas. Me uno a muchas de las reflexiones que sobre este tema se han vertido estos días en los distintos medios, sin ir muy lejos en el tiempo ni en el espacio, a la de ayer mismo en LA GACETA por parte de Antonio Andrés Laso, con párrafos que dan mucho que pensar. Quizá sea parte del problema, precisamente esa anestesia mental en la que estamos cayendo por esa ausencia de pensamiento crítico, esa incapacidad para pensar ¿Será por falta de tiempo? ¿Será por desconocimiento? ¿O por falta de conocimiento? ¿O porque no queremos complicarnos la vida? Sea por lo que sea es hora de despertar, de lo contrario corremos el riesgo de pasar a la historia como el siglo de oro de los indiferentes, los superficiales o incluso de los ridículos, más dignos de lástima y de pena que de otra cosa. Tan ridículo como “promover la vida eterna a través de la automomificación”, como dice Escohotado.

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