07 diciembre 2022
  • Hola

La foto

23 nov 2022 / 03:00 H.

    Hagamos una foto para, pasado el tiempo, poder recordar esta España con la certeza de que no fue una pesadilla, como prueba para las venideras generaciones de que sufrimos efectivamente esta debacle, sin duda poco creíble para cualquiera que no haya sido testigo presencial. En el primer plano de la foto, los asesinos de ETA en las instituciones, los condenados por alta traición cortando el Código penal a su medida, los violadores en la calle y los presupuestos generales pactados a cambio de la expulsión de la Guardia Civil de Navarra. El escenario preparado para que se cumpla el augurio de Aragonés: un nuevo referéndum de independencia de Cataluña antes de 2030, esta vez pactado y legalmente imparable.

    Muy delante también la tasa de paro juvenil, encaramada al 31%, y la deuda pública disparada al 118% del PIB, aunque al observador le llamarán más poderosamente la atención, con toda seguridad, el pan y el aceite por las nubes, la capacidad adquisitiva saqueada y la calefacción apagada. La hipoteca, que en español se traduce por el ahorro, convertida en amenaza. Las pensiones en el aire, los transportistas trabajando a pérdidas y el campo en la ruina. Lo que no se ve por ninguna parte son los fondos europeos, más de 31.000 millones que Bruselas ya ha enviado pero que no lucen en la foto. Habrán quedado por el camino.

    Distribuidas por las esquinas de esta trágica instantánea, las consultas sin médicos, las ambulancias que no llegan y las listas de espera, que son tan largas que salen de plano. El poder judicial politizado, el legislativo en manos de chapuzas y el ejecutivo enlodazado sin complejos. La universidad prostituida. ¿Pues no acaba de acceder a una plaza de profesor Pablo Iglesias ante un tribunal formado por una profesora de Podemos y por el director del máster que codirige la mujer de Pedro Sánchez, en el mismo departamento que tiene contratados a Bescansa y a Monedero?

    Al fondo de la imagen se otea una multitud de despropósitos que se pierden en perspectiva, como uno de esos cielos ennegrecidos de Goya, en el que se difumina el papel de los mayores medios de comunicación, los todopoderosos que cuentan con grandes recursos, arropando al presidente del gobierno que danza en medio de todo este aquelarre.

    Pero una verdad hay que reconocerle a Pedro Sánchez, la única verdad que en mucho tiempo ha salido de su boca y de la que presumió ayer en el debate del Senado. Son los españoles los que votaron, los que en legítimo ejercicio de su libertad democrática propiciaron la calamidad. Por eso el título de la foto no puede ser otro: tenemos lo que nos merecemos.

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