01 marzo 2021
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La comedia de los asnos

    Mi fe irracional en el ser humano me llevó a escribir en esta columna que, cuando pase todo esto, seremos mejores personas. Pensé que no habría ser sensible que fuese inmune a tanto dolor y que prevalecería esa bondad natural que tanto defendió el ingenuo de Rousseau. Me equivoqué, vaya si me equivoqué. Más me habría valido atender a Plauto, quien ya dijo hace veintidós siglos en su Comedia de los asnos -hasta el nombre fue brillante- que el hombre es un lobo para el hombre.

    No arraiga demasiado aquello de que el capitán sea el último en abandonar el barco. Hay políticos que se vacunan de tapadillo e incluso meten en la ronda tanto a sus equipos como a sus familiares. ¡Qué poco cuesta una vacuna y cuánto vale! Será que la “inmunidad de rebaño” no es un concepto epidemiológico, sino una referencia a las bestezuelas que se cuelan en la fiesta sin cumplir el protocolo. Pero háganme el favor de no citar siglas de partidos, que el fraude está –y estará, me temo– bien repartido. Todo depende de quién mande en cada casa, porque ellos están destinados a ponerse la dosis que sobra. ¿Que sobra? ¿Qué sobra?

    En su patética moción de censura, el califa verde perpetró la osadía de tachar al actual Gobierno de ser peor que el de la dictadura. Ahora, un vicepresidente que parece no enterarse de que ya no vive en el campamento de la Puerta del Sol nos dice, y reitera, que un prófugo de la Justicia está tan exiliado como lo estuvieron Manuel Azaña, Antonio Machado o Severo Ochoa. Mientras tanto, los partidos que presumen de perpetua mano tendida al adversario dan lecciones de necedad negándose al diálogo cuando más se precisa. ¿Cuántos cientos de muertos más necesitamos para que entren en razón? ¿La falta de acuerdos legitima la adopción de medidas inconstitucionales en beneficio de la salud pública? ¿Cómo estarán los hospitales dentro de quince días? ¿Por qué no atendemos a los que saben?

    Como sociedad civil, debemos defendernos del odio insano al que nos llevan nuestros gobernantes, ávidos de votos. Comenzamos con la gilipollez del boicot al cava catalán y no sabemos a dónde vamos a llegar. No seamos una panda de zopencos seguidores de las aventuras de Jorge Javier o de Tamara. Despertemos como ciudadanos libres e ignoremos tanta estulticia. Cuidémonos un poco, mientras tanto.

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