29 octubre 2020
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La civilización del amor

    Ya han pasado unos cuantos años, allá por el año 1975, desde que el Papa Pablo VI se planteó lograr alcanzar la llamada “civilización del amor”, para él la verdadera civilización. Tarea ardua y difícil, casi utópica, a juzgar por cómo se suceden los acontecimientos desde entonces hasta hoy. En palabras del Papa Montini: “La tarea que hay que realizar es inmensa. No se llevará a cabo sin una conversión profunda de los espíritus y de los corazones, de las mentalidades colectivas, de las estructuras”.

    No me cabe la menor duda de que Pablo VI tiene más razón que un santo, independientemente de que él realmente lo sea oficialmente desde su canonización por el Papa Francisco, hace dos años y cinco días. Quizá leyendo, entendiendo, asumiendo, practicando, haciendo vida en nosotros, el texto de la última encíclica del Papa Francisco “Fratelli Tutti” podremos dar pasos hacia esa civilización del amor. En lenguaje cercano y sencillo nos pone por delante un camino a recorrer independientemente de credos e ideologías.

    Creo que nos viene como anillo al dedo esta encíclica, siempre que estemos dispuestos a enterarnos de lo que el Papa dice, más allá de los prejuicios que muchas personas tienen hacia él, que haberlas hailas, como las meigas en Galicia. Incluso hay quienes hacen oración para que fallezca cuanto antes y no haga mucho daño (creo que se olvidan del Espíritu Santo). En fin, dicho esto, vuelvo a la civilización del amor y me pregunto si podemos cocinarla entre todos y si estamos dispuestos a ello, como los de MasterChef en el ágora salmantina hace unos días. Que por cierto, no sé los platos que prepararon pero la polémica la sirvieron en bandeja. A gusto de todos nunca llueve, pero con la que está cayendo cuanta menos polémica mejor, aunque siempre se ha dicho que a río revuelto ganancia de pescadores. El problema es que en este momento son muchos los que quieren pescar y no sé si va a haber pesca para todos. A lo peor es que estamos más cerca de la civilización del egoísmo y de los intereses personales que de las alternativas propuestas por ambos Papas. Pues nos guste o no, en esta cocina o entramos todos o vamos a pasar hambre de verdad. Muchos desgraciadamente ya la están pasando, aunque no se visibilice, y si alguien no se lo cree yo se lo explico tranquilamente. Están en juego varios platos: político, económico, social, ... pero el plato fuerte es el de nuestra salud, y nos va la vida en ello. ¿Qué más hace falta para que lo entendamos de una santa vez? Todavía oigo decir: “ahora muere poca gente”, ¿dirán lo mismo cuando el que muera sea su padre, su madre, su hijo o ella o él mismo? Cocinemos entre todos esa civilización del Amor, aunque sea idea de un Papa.

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