05 diciembre 2019
  • Hola

La “castaña” de la COP25

01 nov 2019 / 03:00 H.
César Lumbreras
La trastienda

Estamos en tiempo de castañas y, por lo que se ve, de “cumbres”. El máximo mandatario chileno, Sebastián Piñera, anunció el miércoles que, a la vista de la situación en su país, renunciaba a la organización de dos importantes cumbres internacionales que iban a tener lugar allí. La primera, de los países de Asia y el Pacífico y, la segunda, la denominada COP-25 para luchar contra el cambio climático. No sé si lo tendría hablado con Pedro Sánchez, o no, pero antes de que hubiesen pasado 24 horas de esa noticia, desde Moncloa ofrecían a nuestro país como sede de este encuentro, que mueve a más de 25.000 personas, aunque la presidencia siga correspondiendo a Chile. Supongo que cuando Sánchez se ha tirado a esta piscina será porque antes ha visto que hay agua y que va a contar con el respaldo la próxima semana de la oficina de cambio climático de la ONU, que es la última responsable de la COP25.

El asunto del cambio climático es uno de los más queridos de Sánchez, que seguirá en funciones entre los días 2 y 13 de diciembre, que es cuando está previsto el acontecimiento. Y, si es querido para el inquilino de La Moncloa, lo es todavía mucho más para Teresa Ribera, la ministra del ramo, que ha dedicado su vida profesional y política a la lucha contra el cambio climático. Por ello habrá quien vea un claro matiz electoral en el ofrecimiento para organizar esta cumbre climática con tanta premura, ya que estamos a un mes y un día de su comienzo y a mucho menos de nuestra cita con las urnas. Para otros, especialmente de Madrid, si es que finalmente se celebra en la capital, será una “castaña” por los problemas de tráfico, movilidad y manifestaciones que llevan aparejados este tipo de actos. Otro grupo pensará que es una buena ocasión de “vender” la imagen de España, tan vapuleada en el exterior a cuenta de los acontecimientos que se han vivido en Cataluña. En fin, habrá opiniones para todos los gustos.

Es incuestionable, aunque algunos lo nieguen, que el cambio climático está ahí (el clima siempre ha estado cambiando, aunque ahora de forma más acelerada) y que se debe hacer algo. Cuatro años atrás, en diciembre de 2015, se alcanzó un acuerdo en París con una serie de metas para frenar el calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero, pero todavía no se ha cerrado la aplicación concreta de ese pacto. Urge hacerlo. Está en juego, con mayor o menor dosis de alarmismo, la vida del planeta, personas, animales y vegetales incluidos. El castaño y las castañas, tan de moda en estos días, se ven afectados, y nosotros también. Toca hacer algo.