26 septiembre 2021
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Hacerse mayor

26 jul 2021 / 03:00 H.

    Hoy no puedo por menos de hacer alusión a quienes año tras año van sumando experiencia de vida. Aquellos que han sido capaces de hacer realidad aquello que dice Ricardo Arjona en su canción: “Señora no le quite años a su vida, póngale vida a los años, que es mejor”.

    El Papa Francisco, que tanta controversia genera en las conciencias de muchos, también ha dedicado el día de ayer a la primera Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores. Lo hace en la víspera de los Santos Joaquín y Ana a quienes hoy celebramos. Aunque a muchos les parezca postureo creo que es muy acertada esa llamada de atención. Nuestra mirada está puesta en muchos sitios, la lucha por los derechos y la dignidad está al orden del día pero los mayores están pasando a segundo plano. Parece que sus derechos se han perdido en la noche de los tiempos. Muchos han quedado “aparcados” a la orilla del camino de la vida, parece que porque arrastren los pies están condenados a arrastrar el corazón y el alma. Nada más lejos de la realidad. Nos importa cada vez menos vaciar la habitación de los abuelos para llenarla de juguetes o nos resulta cada vez más fácil sacar a pasear al perro que acompañar a nuestros mayores. Ya sé que hay realidades y situaciones que hacen imposible asumir en primera persona la respuesta de atención a nuestros mayores, ante eso no queda otra y a buen seguro, tanto a ellos como a sus seres queridos, se les parte el alma al cruzar el umbral de la puerta de la residencia más cercana. Ahora bien ¿cuántas veces nos puede lo más cómodo? ¿cuántas veces pensamos más en nosotros que en ellos? El Papa Francisco, en su homilía de la Eucaristía celebrada ayer en la Basílica de San Pedro decía entre otras cosas: “¿Qué mirada tenemos hacia los abuelos y los mayores?... Tengo miedo de una sociedad en la que todos somos una multitud anónima e incapaces de levantar la mirada y reconocernos”. Nos recuerda la necesidad de compartir jóvenes y ancianos lo que somos y lo que tenemos, al mismo tiempo con claridad y contundencia, que los abuelos y los mayores “no son sobras de la vida, desechos que se deben tirar”.

    Sin duda alguna es hora de reivindicar y hacer visible para nuestros mayores aquella mítica frase de mi paisano y diseñador gallego Adolfo Domínguez “la arruga es bella”. En el caso de nuestros mayores, sin duda alguna. Es cuestión de escudriñar en lo más profundo de esas arrugas y descubrir todo el esfuerzo, la lucha y la superación, el cariño y la entrega que hicieron posible que en gran parte hoy seamos lo que somos. Es cuestión de sentir la aspereza de la piel curtida por el tiempo, para descubrir la ternura y la dulzura de su corazón, muchas veces castigado por los sinsabores y contratiempos de la vida. Hacerse mayor no es una desgracia si no una bendición. Hagamos memoria histórica, no memoria histérica. Nuestros mayores lo merecen.

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