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Opinión

Primavera turística

Es difícil contemplar la majestuosidad de las iglesias mudéjares de la provincia fuera de temporada

Martes, 16 de abril 2024, 06:00

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Las lluvias de la Semana Santa y el sol de estos días han convertido el paisaje salmantino en una sinfonía de colores que merece la pena disfrutar.

Con esa intención me puse a bucear el otro día en los contenidos de «Salamanca fascinante», una publicación que se entregó hace un par de viernes de forma gratuita con LA GACETA. Esta guía, que les recomiendo vivamente conseguir si es que no la tienen ya, ofrece hasta 30 excursiones de un día para explorar la provincia. El periódico lleva varios años entregando en primavera un cuadernillo de estas características con rutas que merece la pena descubrir. Y en ellos no solo aparecen las típicas, esas que la Diputación promociona con fuerza y millones de euros, sino también esos otros paseos más escondidos pero de similar encanto.

Así, descubrí la ruta de los molinos del Margañán, una caminata circular de apenas seis kilómetros que parte de la localidad de Malpartida, a poco más de 15 kilómetros de Peñaranda, en la frontera con la provincia de Ávila. El río baja con fuerza en esa zona -de ahí que se construyeran en su día los molinos- y conserva la magia de un terreno agreste. Por fortuna, el sendero está bastante bien señalizado y no tiene mucha pérdida, gracias a que hace algo menos de una década se colocaron unos paneles informativos a lo largo del recorrido y se señalizó con marcas amarillas en rocas y postes.

Lógicamente, no es la única excursión que puede hacerse por la zona. De hecho, la Asociación Nordeste de Salamanca ha organizado otras seis rutas de baja dificultad para dar a conocer el atractivo de un espacio al que le cuesta entrar en las principales guías turísticas. Y así, quienes se apunten podrán descubrir la laguna de Lavajares, un humedal a un paso de Rágama con una gran riqueza ornitológica; hacer un tramo de la Ruta Teresiana entre Macotera y Mancera de Abajo; recorrer el Camino de Santa Lucía entre Juzbado y Almenara de Tormes; vivir una experiencia etnográfica entre Babilafuente y Villoruela; deleitarse con el cielo estrellado de Forfoleda; o discurrir por un bosque inclusivo en Valdelosa. A estas iniciativas se suman las marchas tradicionales, como la que tuvo lugar este domingo en Mieza a la que asistieron nada menos que 600 senderistas repartidos en grupos de 80 personas. Y ¿qué quieren que les diga? Yo de ustedes, si tuviera tiempo, me apuntaría a todas.

Sin embargo, hay algunas cosas por mejorar. Por ejemplo, si el turista quiere combinar naturaleza con patrimonio lo tiene más complicado. Y eso que en los pueblos de los alrededores de Peñaranda de Bracamonte existen unas iglesias con elementos mudéjares de una gran belleza. Salvo que conozca los horarios de misa de esos templos, va a ser difícil que pueda ver la majestuosidad de sus artesonados o la hermosura de sus retablos. En el caso de Macotera, cuyo «cielo mudéjar» es digno de ser contemplado hay que esperar al verano o a los días de Semana Santa para tener unos horarios de apertura relativamente cómodos para la visita turística. Y es una pena, la verdad.

Pero es que además, puedes encontrar algunos carteles informativos con códigos QR -se lleva mucho ahora eso de la oficina de turismo virtual- que al leerlos con el teléfono móvil te llevan a páginas sin uso, que dan error o que no guardan relación con lo que prometen en el texto.

Estos pequeños detalles hacen torcer el gesto al turista, que se lleva a su casa una sensación de cierto abandono, casi el mismo que descubres en muchos pueblos en los que no hay siquiera un bar donde refrescarse. Faltan todavía flores para vivir una verdadera primavera turística.

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