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Opinión

El pisito

Preocupa el crecimiento descontrolado de apartamentos turísticos que se está produciendo en la ciudad

Martes, 23 de abril 2024, 06:00

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Todavía recuerdo cuando mi hermana me dijo que iba a intercambiar su casa con una familia valenciana, a la que no conocía absolutamente de nada, para pasar las vacaciones. Fue hace unos años y yo de primeras pensé que se le había ido la pinza. Al acabar el verano me explicó que la experiencia había sido muy satisfactoria. El matrimonio con niños que se había alojado en Pamplona buscando un clima más fresco y bonitas excursiones por Navarra había dejado su piso tal y como lo encontró. Y mi hermana y sus retacos habían pasado una estancia estupenda en una casa en primera línea de playa. Y todo gracias a una aplicación, de esas que han revolucionado la forma de entender el mundo tal y como lo conocíamos.

Ignoro la regulación que habrá en esos intercambios, pero me temo que navegarán a sus anchas por el vacío legal que suele haber cuando se ponen en marcha ideas tan originales como esta. Pasaba con los bancos de tiempo y con todas esas iniciativas basadas en el trueque que tan de moda se han puesto desde que Internet entró en nuestras vidas.

En 2007, es decir hace nada, surgió Airbnb, fruto también de esa economía colaborativa. Y entonces comenzamos a descubrir que podíamos alojarnos en cualquier ciudad del mundo a un precio muchísimo más barato que el que marcaban los hoteles e incluso las pensiones de mala muerte, que de todo te puedes encontrar por esos mundos de Dios. Y se fue de madre. Es lo que tiene el capitalismo. Como huela negocio, se lanza a saco a por él. Y han sido muchos los que tenían un pisito y han visto en este tipo de alquiler vacacional la forma fácil de sacarse un sobresueldo.

Y de un tiempo a esta parte, en muchas ciudades turísticas de España, entre las que se encuentra Salamanca, también se está poniendo de moda transformar locales de la planta baja, que antes albergaban negocios, en apartamentos turísticos, que rinden más y dan menos dolores de cabeza.

Tal ha sido el boom de esta práctica en determinadas zonas de algunas ciudades como Madrid o Barcelona que han terminado provocando problemas vecinales. La especulación y el encarecimiento de la vivienda en esas áreas las están dejando sin vecinos de toda la vida y se están convirtiendo casi en guetos para turistas.

No llega a tanto la situación en Salamanca. Aquí, aunque somos una ciudad turística, es más difícil llegar -¿verdad, Óscar Puente?- y todavía no se han formado las aglomeraciones que pueden verse en las grandes urbes en temporada alta.

Sin embargo, preocupa el crecimiento descontrolado que se está dando últimamente, sobre todo, en la capital. El Ayuntamiento ya le ha visto las orejas al lobo y ha iniciado con la Junta de Castilla y León una campaña de inspecciones para eliminar del Registro de Turismo aquellos establecimientos que no cumplen con la actual normativa local, que viene reflejada en el Plan General de Ordenación Urbana. La regulación se va a ampliar con una nueva ordenanza cuyo borrador, según ha prometido el alcalde Carlos García Carbayo, va a presentarse este mismo mes.

Como usuario de ese tipo de apartamentos cuando viajo, creo que se han convertido en una fórmula muy interesante para conocer una ciudad desde dentro. Pero como vecino de una urbe con el turismo como motor, considero que debe haber una regulación que impida las deficiencias y atropellos que está produciendo el aumento sin control de este tipo de alojamiento. Confío en que la nueva ordenanza salvaguarde la seguridad de todos los actores de esta historia. No vale todo.

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