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CORRAL DE COMEDIAS

Los olvidados

En Salamanca, la falta de efectivos de la Guardia Civil es algo endémico. Y los pocos que hay se quejan de que no tienen medios

Martes, 13 de febrero 2024, 06:00

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En la Gala de los Goya del sábado pasado, aunque no se lo crean después de ver el vestuario que lucían algunos, también surgieron momentos de gran clase. En la ceremonia de los cabezones de Gallardo y Almodóvar, vimos a una diva, a una señora de los pies a la cabeza, que al recibir el Goya internacional quiso acordarse de la actriz española que la dobla al castellano. Sigourney Weaver nos descubrió a María Luisa Solá, una profesional con 85 años recién cumplidos que ha puesto la voz en castellano de la protagonista de 'Alien' en más de treinta películas.

En el mismo acto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tuvo palabras para la industria cinematográfica -lógicamente- y también para condenar los abusos y la violencia sexual. Sin embargo, no fue capaz de recordar a las familias de los dos guardias civiles que la víspera habían sido vilmente asesinados por narcotraficantes en el puerto de Barbate. Se llamaban David Pérez Carracedo y Miguel Ángel González. La viuda del primero se negó a que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, fuera quien colocara en el féretro la Gran Cruz de Oro de la Orden del Mérito de la Guardia Civil durante el funeral por el alma del agente celebrado en Pamplona. «Mi marido no hubiera querido esto», le espetó, mientras los compañeros del fallecido aplaudían indignados el gesto de la pobre mujer.

Los guardias civiles están hartos del sufrir los constantes olvidos de Marlaska. El atentado del viernes en el puerto gaditano se produce dieciséis meses después de que el ministro desmantelara la unidad de elite que estaba frenando el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar. Y para más inri, las embarcaciones que tienen en Cádiz para luchar contra el narcotráfico estaban averiadas. Los agentes salieron directos al matadero con una simple zodiac. Ahora, todo el mundo se pregunta por qué Marlaska decidió acabar con el operativo OCON Sur, que tan buenos resultados estaba dando contra el tráfico de droga en la zona. Y las miradas se dirigen hacia la política internacional que España está llevando a cabo con Marruecos, siempre Marruecos, el país más beneficiado de nuestra debilidad en la lucha contra el narcotráfico.

No es el primer caso que pone en tela de juicio la actuación de Marlaska. En enero del año pasado, cesó a los dos meses de nombrarlo como jefe de la comandancia de Melilla al coronel Jesús Torresano, un viejo conocido por estos lares, puesto que estuvo al frente durante años de la comandancia de Salamanca.

¿Su pecado? Defender a sus guardias. Negarse a abrir expediente de sanción a los agentes que participaron en la contención del salto a la valla de junio de 2022, en el que murieron decenas de migrantes en el lado marroquí, y exigir un protocolo de actuación para que los guardias civiles estuvieran cubiertos ante próximos asaltos masivos en la frontera melillense. Vamos, una purga en toda regla por ser un mando incómodo para las relaciones bilaterales con el rey moro.

El caso del Estrecho es el más sangrante y por su continua incompetencia el ministro debería haber dimitido ya. Pero no hace falta irse tan lejos. En Salamanca, esa provincia olvidada por el Gobierno para todo en el lejano Oeste español, la falta de efectivos de la Guardia Civil es una constante. Y los pocos que hay se quejan también de los medios con los que cuentan, con vehículos en algunos casos que superan los 300.000 kilómetros. Es algo endémico. De ahí el reciente incremento de los robos en viviendas de la provincia.

Contra el olvido al que somete a la Guardia Civil, ¡Marlaska, dimisión!

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