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Opinión

Miopía histórica

Devaluar la lucha de la inteligencia en la arena implica mucho más de lo que los reduccionistas de la historia pretenden

Sábado, 18 de mayo 2024, 05:30

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«El Senado, con mayoría absoluta del Partido Popular, impulsará la recuperación de un Premio Nacional de Tauromaquia, después de la decisión anunciada el pasado 3 de mayo por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, de eliminar este galardón…».

El PP ha registrado una moción en la Cámara Alta en la que pide al Gobierno que restituya el Premio y convoque el galardón para este año. Para ello aluden a la Ley 18/2013, que establece que la tauromaquia forma parte del patrimonio cultural inmaterial. Así, en su moción, el PP solicita «garantizar la conservación y promoción del Premio Nacional, como deber de la Administración del Estado, en coherencia con la condición de Patrimonio cultural inmaterial histórico español de la tauromaquia».

Varias comunidades autónomas han planteado la creación de premios que lo sustituyan, como la de Andalucía, Castilla-La Mancha, Madrid, Aragón, Extremadura, la Comunidad Valenciana o Castilla y León. Este ojo que observa, observa. El concepto de cultura es tremendamente amplio con ramificaciones y derivaciones varias, lo que le convierte en un término polisémico. Pero haciendo una abstracción, podemos reducirlo a «Creencias, valores y comportamientos que se comparten en un grupo».

Independientemente del gusto, subjetivo, o de la creencia particular, también subjetiva, lo objetivo y la realidad es que la cultura del toro, al igual que la de la caza, en toda la Península Ibérica, están íntimamente entrelazadas con la estratigrafía de nuestra herencia histórica, lo que hace que su supervivencia sea indiscutible. Literatura, escultura, pintura, bajo relieve… son el testigo incontestable de esta herencia. Si destruyéramos las partes de la Historia con las que, algunos, o no les gusta o no están de acuerdo puntualmente, esto nos llevaría a quedarnos sin Historia. Recuerden cómo el mundo lloró la destrucción incomprensible de los talibanes.Cercenar la cultura ancestral de un pueblo es un atentado al mismo. Por esa regla de tres deberíamos eliminar las pirámides de Egipto, por ejemplo, o una gran parte del legado del mundo antiguo, porque se llevaron a cabo sin tener piedad de la vida del hombre o sin que ellos tuvieran los actuales derechos laborales.

Devaluar la lucha de la inteligencia en la arena implica mucho más de lo que los reduccionistas de la historia pretenden. Para poder opinar y tomar postura hay que saber, buscar, estudiar y no tener prejuicios absurdos ante lo que muestra la realidad de un pueblo.

La actual tauromaquia, en la tradición de nuestro país, debe ser respetada y al igual que se premian otras partes del arte, el lenguaje del toreo que nos representa y nos explica no debe cercenarse, destruirse o simplemente enterrarlo y olvidarlo. Más minoritarios y localistas son los independentismos o las lenguas locales y los alentamos y valoramos porque son parte de la idiosincrasia de nuestro territorio y sus lenguas algo ancestral. Si eso es cultura, el toro y su mundo también lo son.

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