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Opinión

Entre rezos y suspiros

No estamos para convertirnos en bufones de quienes están deseando convertirnos en ello

Lunes, 10 de junio 2024, 05:30

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Hace muchos años, cuando era niño, en la fachada de la iglesia de mi parroquia apareció sobre la piedra de granito la siguiente inscripción: «A Dios rogando y con el mazo dando». Aún hoy es el día que recuerdo el enfado del párroco del pueblo y los distintos improperios impropios del cargo que ostentaba, pero comprensibles dado el estropicio generado. Pasados los años, siendo ya seminarista y comentando la anécdota con un formador, llegaba este a la conclusión de lo afortunado de la frase y qué mejor sitio que ese para plasmarla. Una vez más me quedó claro aquello de que «nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira» e indudablemente «no hay palabra mal dicha sino mal interpretada».

Ayer votamos y hoy hablamos de resultados, una vez más cada uno, especialmente los políticos, sacan sus conclusiones y, como nos pasa a casi todos, suelen ser conclusiones siempre favorables desde su visión de la jugada. Indudablemente, acaban siendo casi tan cansinos como los escalones de la entrada del Tanatorio San Carlos, por cierto, ¿nadie ve la posibilidad de adecuarlos para facilitar el acceso? Disculpen el inciso, pero cada vez que subo por ellos pienso que hay que cambiarlos. Y de la escultura que te encuentras en la entrada siempre pienso lo mismo, el dolor ya lo traemos de casa no hace falta que nos lo recuerden, quizá un poco de esperanza nos vendría mejor. ¿Ven como todo es susceptible de interpretación?

A lo que iba, que entre los rezos de Ferraz y los suspiros de tantos españoles quizá lo más adecuado sea interpretar la frase de la pared de la parroquia de mi pueblo como una llamada a la responsabilidad y al esfuerzo cotidiano. Yo lo siento mucho pero como creyente, como sacerdote y como persona no puedo por menos que disgustarme ante ciertas manifestaciones que considero ofensivas para los creyentes y totalmente fuera de lugar. No podemos jugar con lo sagrado, no podemos mezclar churras con merinas y confundir al personal. Cierto es que no eran muchos los entusiastas devotos que desgranaron el rosario en la sede del PSOE en Ferraz. Entiendo que está muy reciente el mes de mayo y se hayan confundido de mes, pero desde luego ni el día ni el lugar son, ni mucho menos, de lo más oportuno.

Me confieso muy mariano, y no por mi paisano Rajoy, sino porque desde pequeño mi madre me inculcó la devoción a María. Quizá por eso me duele que se pueda desvalorar y desprestigiar algo que para muchos tiene una connotación tan especial. No soplan vientos a favor de la Iglesia y, desde luego, no son precisamente estos testimonios los que remuevan las conciencias y hagan más creíble y visible el compromiso de los cristianos. Vivimos momentos en los que la Iglesia está llamada a ser un referente para quienes necesitan apoyo y aliento, pero al más puro estilo de Jesús de Nazaret. No estamos para desperdiciar oportunidades y mucho menos para convertirnos en bufones de quienes están deseando convertirnos en ello.

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