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Opinión

El mendruguillo de Puente

Los socialistas salmantinos se conforman no ya con las migajas sino con el mero anuncio de un mendruguillo de pan

Domingo, 21 de abril 2024, 06:00

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Óscar Puente ha dado una rueda de prensa sin insultar a nadie. El feliz evento tuvo lugar el pasado viernes por la mañana, durante una comparecencia del ministro de Transportes para informar de sus planes ferroviarios para los próximos años en toda España.

Hubo en ese acto informativo desprecio, cachondeo, guasa y burla hacia Salamanca, pero no insultos. Vamos avanzando.

El titular de la cartera de Transportes nos volvió a tomar el pelo y anunció la quinta fecha para recuperar la cuarta frecuencia del Alvia a Madrid. Nos ha mentido cuatro veces y ahora, cuando se acerca el momento de votar en las elecciones europeas, pretende que nos traguemos el quinto compromiso como si le quedara un mínimo de credibilidad. Ya lo decía el mismo viernes el alcalde de la capital, Carlos García Carbayo: lo creeremos cuando lo veamos. Como Santo Tomás.

La quinta fecha para la cuarta frecuencia nos remite a finales de julio, siempre que se cumplan los plazos de las obras de la estación de Chamartín, y ya sabemos cómo va esto de las obras de Renfe, que no terminan hasta que no se acaban.

En el peregrino caso de que el titular de Transportes cumpliera por una sola vez su palabra, no haría sino acabar con una injusticia de más de dos años, porque Salamanca sería la última de las capitales en recuperar las conexiones ferroviarias suspendidas por la pandemia.

Ya veremos. De momento, Puente confía en que el anuncio de devolvernos lo que es nuestro sirva para que más salmantinos voten sanchismo el 9 de junio. Y de propina nos regala los oídos con la quinta frecuencia, que viene a ser como el premio gordo de la lotería del ferrocarril. Es tan solo un caramelo electoral, una zanahoria para rucios de pocas entendederas. Un engañabobos de libro, pero visto lo visto en las últimas elecciones generales, no podemos descartar que le funcione.

Porque en Salamanca ya tenemos al menos un ciudadano que confía en las tretas del ministro. Se llama David Serrada y ejerce como secretario provincial del PSOE. El mismo día del mitin del ministro, el líder del sanchismo local mostraba su indescriptible orgullo por la futura recuperación de la cuarta frecuencia «debido al trabajo callado, intenso y sin pausa del partido». Por los resultados podemos asegurar que no solo han trabajado en la sombra, sino a la sombra, bajo la sombrilla playera y con la jarra de sangría al lado, durante cuatro largos años que llevamos sufriendo la descomunicación con Madrid. De ser así, en caso de que los socialistas salmantinos se hubieran relajado, no tendríamos Alvias hasta finales de la presente década, con suerte.

Pero lo mejor de la valoración de Serrada llega cuando asegura que han estado «en constante comunicación con los colectivos sociales y asociaciones de usuarios del tren». Si es verdad, no quiero ni imaginar la cantidad de improperios y maldiciones que habrán tenido que escuchar los correligionarios del secretario provincial. Solo por eso se merecen un descanso con psiquiatra gratis, porque han soportado una tarea agotadora en lo físico y más en lo moral.

No contento con semejante exhibición de pedantería, Serrada remataba su espiche alabando «el compromiso de este Gobierno con la conectividad de Salamanca». Sin una pizca de vergüenza torera, ni comedimiento, ni mesura. Parece que la desfachatez del ministro más odiado en esta tierra se ha convertido en consigna para sus hermanos en el sanchismo de Salamanca. Algunos se conforman no ya con las migajas, sino con el mero anuncio de un mendruguillo de pan.

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