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Opinión

Lealtad y coherencia de Vox

Los de Vox andan justos de lealtad, y su nivel de coherencia se comprobará cuando veamos si cumplen o no sus amenazas

Jueves, 11 de julio 2024, 06:00

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No están temblando en el PP de Castilla y León ante la posibilidad de que Vox rompa el pacto de Gobierno en la Junta a cuenta del reparto de menas. Más bien al contrario, los populares han puesto las botellas de champán a enfriar por si a Santiago Abascal y su equipo le da por cumplir sus recientes amenazas.

Para Alfonso Fernández Mañueco la posibilidad de perder de vista a Juan García-Gallardo y a los consejeros «verdes» es más un sueño que una pesadilla.

En estos dos años y medio de cohabitación el presidente del Gobierno regional ha tenido que armarse de paciencia y hacer la vista gorda ante las salidas de tono y las barbaridades lanzadas por su vicepresidente, representante de la facción dura de la ya de por sí dura línea ideológica de Vox.

En este tiempo desde que consolidaron su alianza en Castilla y León el «ala verde» del Colegio de la Asunción le ha provocado a Mañueco conflictos por sus enfrentamientos con patronal y sindicatos y por sus inicitivas contra el aborto o las víctimas del franquismo, amén de otros disparates y ataques verbales en varios frentes. Todas esas batallitas no han cambiado para mal la vida de los castellanos y leoneses pero sí han provocado un deterioro de la imagen de la Comunidad.

Así que Mañueco, siguiendo la línea marcada por Alberto Núñez Feijóo, está encantado de aceptar el órdago de Gallardo cuando amenaza con dimitir si la Junta acoge a los menas que le corresponden en el reparto arbitrado por el Gobierno de Pedro Sánchez. La 'espantada' de los «verdes» abriría el camino hacia unas elecciones anticipadas en Castilla y León, para las que el PP se siente preparado y que podría convocar en el momento más conveniente para sus intereses, con o sin presupuestos, en busca de la ansiada mayoría absoluta.

Además, en este conflicto al PP le asisten la razón y la ley. El acogimiento de extranjeros menores no acompañados es obligatorio por razones humanitarias y por los tratados internacionales. No se les puede devolver a su país de origen sin más, como propone Vox. Y el reparto es solo una cuestión de solidaridad entre autonomías, un principio que deberían defender más quienes más españoles se sienten. Por eso los supremacistas catalanes y vascos no quieren saber nada de acoger los menas de Canarias o Melilla.

Estamos hablando de acoger a 21 niños y niñas entre las nueve provincias de Castilla y León. Suponer que su llegada va a provocar problemas de inseguridad, delincuencia y pérdida de identidad de estas tierras es de aurora boreal. Y amenazar con romper el pacto en la Junta a cuenta de estos menores es de traca.

Abascal tiene una bien ganada fama de intransigente, pero en esta ocasión puede que sus bravatas se queden en nada, porque tiene mucho que perder y nada que ganar.

Y a Gallardo le sucede lo mismo, por más que alardee de su disposición a dejar el cargo si Mañueco no se opone con todas sus fuerzas a la llegada de menas. Ayer ya reculaba y reconocía que eso de dimitir «no es una decisión que se tome en dos tardes», y aclaraba que, en todo caso, la determinación se adoptará «de manera conjunta y colegiada con el resto del partido a nivel nacional». Y al mismo tiempo apelaba a «la lealtad y generosidad infinita» de Vox con el PP. ¿Lealtad y generosidad? Que sepamos, los de Vox gestionan sus cuatro consejerías y la presidencia de las Cortes «a su bola» y su capitán general Abascal no desaprovecha cualquier ocasión de atacar a los populares.

Lealtad y generosidad, las justas, y ya veremos cómo andan de coherencia y cumplimiento de palabra.

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