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DE CALLE

La fina piel de Puente

Los calificativos que los plumillas le dedicamos al ministro le saben a cuerno quemado, así que buscaremos motivos de loa

Jueves, 4 de abril 2024, 06:00

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Al excelentísimo señor ministro de Transportes del Gobierno de España no acabo de entenderlo. Yo estaba convencido de que le iba la marcha, de que el insulto y la crítica feroz eran su hábitat natural, el terreno en el que se siente a gusto y en paz consigo mismo. Ahora resulta que no, que a Óscar Puente los improperios le duelen, le escuecen como vinagre sobre una herida abierta, tanto que en su desazón se ha visto obligado a poner a los funcionarios de su departamento (pagados con nuestro dinero) a elaborar listas de ofensas a su persona para, de paso, acongojar a los periodistas que las publicamos. Vano esfuerzo, por cierto.

Ingenuo de mí, pensaba que al miembro vallisoletano del gabinete sanchista le agradaban los calificativos que le dedicamos los plumillas porque él mismo los utiliza con fruición, sin mesura ni comedimiento. Basta recordar su insistencia en llamar «sinvergüenza» a la consejera de Movilidad y Transformación Digital de la Junta, María González, o cuando calificaba a su tierra natal, Castilla y León, como «un geriátrico a cielo abierto», cuando describía un periódico digital como «contenedor de porquería», cuando calificaba a un conocido periodista como «gilipollas» o cuando diagnosticaba un cero absoluto en el «recuento de neuronas en el cerebro» de otro comunicador. Son solo cuatro ejemplos entre una muy larga lista de denuestos lanzados por Puente.

Para mayor despiste, el propio ministro ha asumido en repetidas ocasiones el papel de látigo de la oposición política y mediática, convencido como está de que los muchos ataques e improperios contra su amado Pedro Sánchez merecen una contundente respuesta por su parte. Si tanto le gusta dar, resulta extraño que le duela tanto recibir.

Los adjetivos con los que describimos su carácter le sientan a cuerno quemado y está dispuesto a seguir ocupando a sus subordinados en la búsqueda de invectivas, en lugar de ponerlos a trabajar en la recuperación de la cuarta frecuencia del Alvia de Salamanca a Madrid o en la mejora de los infames horarios de los trenes que nos comunican con la capital de España, por poner un par de ejemplos.

A nuestro periódico le cabe el honor de figurar en lo más alto entre los medios escritos españoles en esa lista de ataques al excelentísimo señor ministro, solo superado por El Mundo y Abc. Por desgracia, en LA GACETA no hemos podido dedicarle flores, elogios y loas desde que aterrizó en Transportes porque Puente no ha beneficiado en nada a Salamanca, no ha cumplido ninguna de sus promesas y lo poco que ha hecho ha sido siempre para mal: desde cambiar a peor los horarios de los trenes a ponerlos más caros y con transbordo. Desde negarse a apoyar la recuperación de la Ruta de la Plata antes de 2040 a bloquear la venta de billetes a los abonados y a reprendernos por organizar una manifestación contra la desidia gubernamental «porque la cuarta frecuencia del Alvia se recuperará en el primer trimestre de 2024» (seguimos esperando). Nada nos gustaría más que celebrar inversiones y avances del Ministerio en las comunicaciones salmantinas, pero con su nefasta (perdón, inadecuada) gestión, el ministro nos lo pone muy difícil.

En vista de su especial sensibilidad, vamos a intentar no llamarle faltón, provocador, agresivo, chabacano, chulo de barra de bar, fanfarrón, tabernario, follonero, perro de presa, bocachanclas, cínico, arrogante, ordinario o faltón, aunque estemos convencidos de que todos estos epítetos le van como un guante. Y si se nos escapa alguno, excelentísimo señor ministro, será sin querer. Mecachis.

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