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Opinión

División en el campo

Es una pena que se haya roto la Unión por la Ganadería, pero la presión para lograr una PAC menos dañina se va a mantener

Jueves, 16 de mayo 2024, 06:00

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Había tensión en el reciente Foro GACETA de la Agricultura entre los representantes de las organizaciones agrarias de Castilla y León. Durante la mesa redonda celebrada en el Casino surgieron chispas entre Jesús Manuel González Palacín (UCCL) y los representantes de Asaja (Donaciano Dujo) y Alianza UPA-Coag (Lorenzo Rivera). Las discrepancias se centraban en el protagonismo de unos y otros a la hora de organizar las protestas agrarias que colapsaron ciudades de toda España en los últimos meses. Una discusión bizantina, que no afecta al fondo, porque todos estaban de acuerdo en rechazar la política agraria de la Comunidad Europea y coincidían en la necesidad de cambiar el objetivo y el desarrollo de la normativa aprobada para el periodo 2023-27.

Esa tensión, que viene de lejos, se tradujo ayer en la ruptura de la unidad de acción entre las tres organizaciones por parte de la directiva regional de UCCL. La Unión por la Ganadería se rompe y el enfrentamiento verbal entre los dirigentes sigue, por desgracia, escalando en fondo y forma.

Hay que reconocer que no era fácil mantener los acuerdos entre los dirigentes del campo en una España donde la división y el conflicto se han convertido en objetivo prioritario del Gobierno de Pedro Sánchez. Ese «muro» frente a la mitad de los españoles que no le votan se ha extendido a todos los ámbitos de la sociedad, y las organizaciones agrarias han dejado de ser una excepción.

Es una pena, y lo deseable sería el retorno a la acción conjunta, pero tampoco debemos pensar que la lucha de los agricultores y ganaderos por conseguir unas condiciones aceptables para desarrollar su actividad se va a ver frenada por estos piques sobre representatividades y protagonismos. Ya durante los meses de febrero y marzo pudimos comprobar que las tractoradas salían adelante con éxito de igual manera cuando eran convocadas oficialmente por las OPAS y cuando surgían de forma más o menos espontánea en grupos de whatsapp. A todos les unía el rechazo a la nueva PAC y todos recibieron el apoyo de la mayoría de los ciudadanos, a pesar de las molestias que su protestas causaron en el tráfico.

Es una pena porque los tres representantes de las organizaciones agrarias mostraron en el Foro GACETA una coincidencia casi total en el análisis de los problemas del campo y en las soluciones que reivindican ante el Ministerio de Agricultura y la Junta. Son, por cierto, las mismas reivindicaciones que sustentaron las protestas de hace dos meses. Quieren una PAC alejada del ecologismo radical que triunfa en la Unión Europea (o triunfaba, porque las tractoradas consiguieron una revisión de esa política de ataque a los productores de alimentos que tanto necesitamos). Exigen una reducción sustancial de la burocracia que pretende convertir a agricultores y ganaderos en oficinistas profesionales. Piden frenar la importación de alimentos de otros países de fuera de la UE cuyos métodos de producción contravienen las normas imperantes en Europa. Quieren un ministro de Agricultura que no esté sometido a los dictados del Ministerio de Transición Ecológica, como Luis Planas lo está respecto a las veleidades de Teresa Ribera. Aspiran a que las autoridades hagan funcionar la Ley de la Cadena Alimentaria y que se les paguen precios justos. Y confían en que la UE vuelva a apostar por producir aquí la comida que cada día importamos en mayor medida de otros países.

Tantas coincidencias y tan nimias discrepancias justifican una estrategia conjunta, pero si no la hay, la presión va a continuar en los despachos y en la calle. Eso seguro.

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