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Opinión

Los diez mil hijos

Los soldados que Putin ofrecía a Cataluña eran algo así como los Cien Mil Hijos de San Luis, que repusieron en el trono a Fernando VII

Domingo, 23 de junio 2024, 06:00

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Eran como los Cien Mil Hijos de San Luis que desde Francia invadieron España en 1823 para derrotar a los liberales constitucionalistas y reponer en el trono a Fernando VII, el Rey Felón. Solo que no eran cien mil, sino diez mil, y no eran 'gabachos' sino rusos putinianos. Ese era el Ejército con el que Puigdemont, Junqueras y el resto de los golpistas catalanes soñaban contar para humillar a España y consolidar la nueva república surgida de la declaración unilateral de independencia.

Los presuntamente implicados en lo que se ha dado en llamar «la trama rusa» confiaban en una batalla al estilo de «Los Trescientos», aquellos espartanos que resistieron durante días a decenas de miles de soldados persas en el paso de las Termópilas, allá por el siglo V antes de Cristo. Los diez mil de Putin y Puchi más los 18.000 mozos de escuadra (mossos) tendrían que enfrentarse a los 150.000 militares del Ejército español, pero sabido es que una raza superior como la asentada en Los Paísos puede vencer a cualquier tropa de «bestias carroñeras», como definió Quim Torra a los españoles.

Ahora un juez pide al Tribunal Supremo que procese por traición al fugado de Waterloo, del que sospecha no solo por sus sueños bélicos sino por haber negociado con agentes rusos la financiación del 'procés'. Al final, como Al Capone, Puigdemont será enchironado por cuestiones de pasta, que la Hacienda es inevitable como la muerte.

No tendría mayor relevancia el asunto, dada la habilidad de los rebeldes catalanes para conseguir el perdón de todas sus fechorías, si no fuera porque la amnistía recién aprobada por Pedro Sánchez, al dictado del propio prófugo y beneficiario, excluye el delito de traición siempre que se haya amenazado de forma real con el uso efectivo de la fuerza en contra de la integridad territorial de España. Para el juez, los enredos del entonces presidente de la Generalidad y sus compinches, entre ellos otro 'expresident', el señor Arturo Mas, contienen indicios de una «guerra híbrida», que es lo que se lleva ahora en cuestión de contiendas internacionales.

Así que a Puigdemont le ha salido un grano en salva sea la parte y a Sánchez se le abre otro frente judicial, por si tenía pocos, el pobre. Si a lo de su santa esposa (investigada) y lo de Ábalos (maloliente) le añadimos lo del hermano (investigado) y las secuelas de los EREs, no es de extrañar que el pasajero del Falcon haya puesto a funcionar la máquina de fumigar jueces y tenga una prisa horrible por conquistar el Consejo del Poder Judicial para colocar a magistrados de su cuerda allí donde acabarán naufragando sus casos como barcos tras la tormenta. Entre paréntesis, Alberto Núñez Feijóo haría bien en no caer en la trampa de negociar el CGPJ con este personaje, acostumbrado a engañar a todo el mundo todo el tiempo.

De momento, Sánchez ya ha puesto en posición de saludo a la Abogacía del Estado, siempre a su servicio, para que frene este despropósito consistente en la aplicación de la ley. La Abogacía pide a otro juez de estos pesados y cansinos, Pablo Llarena, que retire cuanto antes la orden de detención contra el colega Puigdemont. El presidente no oculta sus desvelos por mejorar la vida de quienes le mantienen el poder y cualquier precio le parece bajo cuando se trata de pagar por esos siete votos trascendentales para sus planes de seguir gozando de los colchones monclovitas.

Mientras tanto, los golpistas catalanes siguen urdiendo la trama, no ya con Putin, que tiene a la soldadesca muy ocupada machacando Ucrania, sino con Hamás, Hizbulá, Corea del Norte o cualquier otro amigo de la casa.

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