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ENTRE BAMBALINAS

El galimatías educativo

Vaciar las aulas de conocimientos para llenarlas de ideología no es la solución, ni tampoco el camino para encontrarla

Isabel Alonso

Jueves, 31 de agosto 2023, 06:00

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Cuenta atrás para el inicio de las clases entre los nervios habituales de los escolares y la ansiedad de muchos docentes por enfrentarse al curso 2023-2024, el primero marcado por la plena implantación de la LOMLOE.

La también conocida como Ley Celaá es la octava ley educativa desde que llegó la Democracia y probablemente la más polémica por su falta de consenso político y social. Unos destacan de ella su carácter inclusivo y su apuesta por la educación de valores, por lograr la igualdad de género, la prevención de la violencia machista y el respeto a la diversidad afectivo-sexual. Y eso está muy bien. Pero para otros no es más que un galimatías de términos confusos y un exceso de papeleo donde la exigencia a los alumnos está por los suelos.

Señores políticos: las leyes educativas no son ningún laboratorio para hacer experimentos porque nuestros hijos no son sus cobayas, porque cuando cuidan más sus programas electorales que los contenidos de los libros de texto es que algo va mal.

Ningún gurú pedagógico sabe más encerrado en su despacho que un maestro de Primaria. Y por eso el descontento entre gran parte del profesorado y también de los padres es generalizado. ¿Qué sentido tiene una ley educativa donde no se valora la exigencia? ¿Dónde da igual suspender todas las asignaturas en 3º de Primaria porque no se puede repetir? ¿Es esa la solución al fracaso escolar o un intento de maquillar una realidad incómoda? Vaciar de conocimientos los colegios para llenarlos de ideología no es la solución, ni tampoco el camino para encontrarla.

Aunque el caballo de batalla para muchos docentes está en un sistema de evaluación imposible donde el antiguo modelo de notas desaparece. La comunidad educativa ya tuvo un primer adelanto el curso pasado. ¿Cómo se entiende que para evaluar una sola asignatura a un alumno haya que valorar antes una treintena de criterios? Criterios que, además, el profesor tiene que leer dos veces para entender. Y para muestra, un botón: «¿Utiliza estrategias heurísticas efectivas y eficientes construyendo modelos matemáticas sencillos con la información sobre que lo significa una letra o un número?»; «¿Muestra una actitud positiva y perseverante, aceptando la crítica razonada al hacer frente a las diferentes situaciones de aprendizaje»; «¿Colabora activamente con las matemáticas en equipos heterogéneos, respetando diferentes opiniones, comunicándose de manera efectiva, pensando de forma crítica y creativa y tomando decisiones y realizando juicios informados?».

Son solo algunos ejemplos del laberinto incomprensible al que tiene que enfrentarse un docente. Algunos lo venden como la enseñanza del futuro, el fin de memorizar y luego repetir como un papagayo, pero lo cierto es que cada nueva ley educativa que llega lo hace rebajando conocimientos de una manera escandalosa. Ya no se lleva hincar codos, ni tampoco hacer deberes («¡pobrecitos, que se agobian!) porque ahora lo que mola es «lograr una experiencia de aprendizaje que va más allá de la adquisición de conocimientos y habilidades». Sea lo que sea eso. El resultado es una «generación de cristal» que el día de mañana tendrá que enfrentarse a un mundo laboral exigente, competitivo, donde lo que importan son los resultados.

Algunos docentes consideran que el nuevo sistema de evaluación es como un queso gruyere, con criterios ambiguos y totalmente subjetivos. Y lo que es peor, ¿cómo justificarlo después en una revisión de examen?

Se avecinan problemas y a mi solo me queda, como madre de una niña de Primaria, confiar en la sensatez de los docentes. ¡Buena suerte!.

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