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Opinión

En el lado bueno

Todo lo que suelen intentar prohibir o perseguir me gusta o no lo prohibiría. Esto significa que voy por el buen camino

Lunes, 6 de mayo 2024, 06:00

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Comerse un buen chuletón, hablar de determinada manera y utilizar el lenguaje en clave política, intentar imponer sin criterios objetivos y sólidos qué tipo de coches podemos conducir, si podemos cazar, si nos pueden gustar los toros… Es un disparate. Yo cada vez encajo menos en este país. Todo lo que suelen intentar prohibir o perseguir los modernillos disfrazados de políticos absurdos, que buscan ser eternos en los cuatro días que van a estar en el poder, o los socialistas que lo permiten todo por su pacto con el diablo para gobernar coincide con lo que me gusta, me agrada o por lo menos nunca prohibiría. Esto no me extraña y me reconforta estar en el lado bueno de la historia.

La izquierda o la derecha. Que gobierne el que más votos tenga o el que menos escrúpulos atesore para pactar, pero que se centren en hacernos mejor la vida y no en empeorarla. Lo que no entiendo es esa persecución a conceptos que ellos relacionan con la derecha, los pijos y lo intentan llevar a una absurda lucha de clases que no existe. Se equivocan de pleno. La última ocurrencia llegó días atrás con la visita a Salamanca del ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, que manifestó que el Premio Nacional de Tauromaquia, suprimido por el Gobierno de España, era «irrelevante» y que la fiesta de los toros, en general, «va camino de la irrelevancia».

Insisto en que se equivocan intentando demonizar sectores como la tauromaquia o la caza haciendo ver que son el ocio de los señoritos, cuando en realidad eso está desde hace décadas más que popularizado. Óscar Puente y compañía no tienen ni idea de la gente humilde a la que le apasionan los toros y si no puede ir a un callejón en Sevilla o Madrid, ya se encargan de buscarse un bar para ver la corrida de turno. Para lo que no quedan los del pueblo es para ver en la televisión la gala de los Goya. De eso estoy seguro. Lo mismo sucede con la caza. No todo son monterías donde se cierran grandes negocios del Ibex35. Hay miles de cazadores humildes que disfrutan de salir al campo y lo de disparar es lo de menos.

Todo esto denota que viven muy alejados de la realidad y que en España se penalizan poco las cagadas de los grandes partidos políticos. Hay votantes del PP que cuando no paraban de salir casos de corrupción seguían votando al grito de «que me roben, pero que sean los míos», mientras que ahora muchos socialistas se van a la cama con la conciencia más tranquila argumentando en la cena que pactar con etarras e independentistas es un peaje necesario para que no gobierne Vox. Qué fácil es engañarse para dormir a pierna suelta.

Otto von Bismarck, primer ministro prusiano y canciller alemán en la década de 1860, lo tenía claro en este sentido. «Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido», nos definió a la perfección y esa definición sigue presente.

Nunca llegaré a un puesto de relevancia política. No sirvo para muchas cosas y una de ellas es ese terreno. Pero en el hipotético de que me viera allí en mi despacho ministerial, lo último que se me ocurriría sería perseguir e intentar abolir cosas que no me gustan. Hay que ser más tolerantes y abiertos de mente. Un ejemplo: me encantan los deportes, pero no puedo ni ver la Fórmula Uno. Sé que a millones de personas les apasiona y les vuelve locos, pero yo no le encuentro la gracia. ¿Tendría que prohibir la F1 escuchando el consejo de alguno de mi partido que se ha hecho mayor en las asambleas revolucionarias? Pues no. Vive y deja vivir.

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