05 mayo 2021
  • Hola

En caso de duda consulte a su médico o farmacéutico

17 abr 2021 / 03:00 H.

    La frase la hemos escuchado una y mil veces. El latiguillo cierra cualquier anuncio de un medicamento en la radio o la televisión. Ese último aserto, al final de la venta de un paracetamol o de un antigripal, a parte de un consejo obvio supone el reconocimiento de que no hay remedio sin efectos adversos.

    En la medicina, como casi todo en la vida, no existe el riesgo cero. Seguramente usted mismo haya firmado, espero que no muchas veces, ese folio que nos dan en cualquier centro médico antes de la anestesia o de una prueba radiológica. Con él consentimos la exposición a un peligro inevitable si queremos curarnos o saber qué tenemos. El beneficio es mayor que el remoto perjuicio y la mayoría, ni siquiera, nos paramos a leer detenidamente esa retahíla de contratiempos, porque pensamos en el objetivo último que es superar la enfermedad.

    Por eso me extraña que esta pandemia haya acabado también con esa regla universal, hasta hoy aceptada sin debate por la mayoría de los mortales. Los contados episodios de trombos, que siguen en estudio, asociados a dos vacunas han puesto el foco en sus efectos adversos en lugar de en sus millones de beneficios. La balanza se ha decantado por el lado de las sospechas, sin tener en cuenta los millones de vidas que esas mismas vacunas ya han salvado.

    Si usted ha tenido la tentación de ser uno de los que estos días ha pensado en rechazar la inyección le recomiendo dos lecturas. La primera es la del prospecto de la aspirina y la segunda la del Ibuprofeno. Si después de hacerlo se deja dominar por la hipocondría, acabará condenado al dolor eterno por no tomar medicamentos o al insomnio perpetuo por haberlo hecho. Así que no se sienta un kamikaze por querer, como yo, que le pongan cualquier vacuna y a ser posible a la mayor brevedad de tiempo. Y si conoce a alguien que duda, que está en su derecho, dígale que para ser justo renuncie también a subirse a un coche, a entrar de pie en la bañera, a comer alimentos fuera de casa en verano y por supuesto a fumar. Porque con cualquiera de estas actividades tiene muchas más probabilidades de dañar su salud con una dosis de las vacunas.

    Es mucho más sencillo echar otra cuenta. En nuestro país ya han muerto más de 80.000 personas, más de 300.000 han ingresado en un hospital y más de 30.000 han acabado en una UCI, por el maldito virus. Es infinitamente más probable que le alcance la enfermedad o alguno de sus múltiples daños económicos. Esa es la verdadera amenaza y las vacunas son la única solución y no parte del problema. Y si aún así, sigue vacilando con la inmunización, solo le pido un favor: en caso de duda consulte a su médico o farmacéutico. Eso es lo que se ha hecho toda la vida.

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