24 enero 2021
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El robo del siglo

    En estos últimos diez años, entre quienes seguimos la actualidad geopolítica y los pocos economistas honrados que quedan, se está consolidando la hipótesis de que, más pronto que tarde, toda la humanidad va a sufrir un gran robo.

    Para comprender la naturaleza de este futuro saqueo tenemos que retroceder en el tiempo hasta octubre del 2008 (para ser más preciso tendría que remontarme más atrás, a la época de Nixon, pero para el caso a tratar me sobra). Después de que Lehman Brothers quebrase en septiembre de ese año, las elefantiásicas administraciones y bancos centrales de todo el mundo tuvieron la inteligente idea —nótese la ironía— de salvar sus economías imprimiendo dinero. Mucho dinero. Aplicaron, y siguen aplicando, teorías ultra expansivas, planes de estímulo e incremento de la deuda soberana. El dinero que recibiremos de Europa este año —y cuya excusa para fabricarlo es la pandemia— es un ejemplo.

    No es algo nuevo. El Banco de Japón está haciendo lo mismo, sin éxito, desde 1995 mientras que los bancos centrales de Europa y Norteamérica, (y Biden tiene ganas de gastar la tinta de la impresora) llevan algo más de una década —y lo que te rondaré morena—, generando ingentes toneladas de dinero inexistente y alimentando una bolsa de deuda soberana apoteósica. También al mono Maduro, el amigo de la comandita comunista que nos gobierna, le dio por imprimir bolívares a saco dando como resultado una hiperinflación de padre y muy señor mío.

    Con todo esto, ¿qué va a pasar?

    Los masivamente endeudados estados —entre ellos España— confían que en algún momento las inyecciones de dinero generen una inflación “sana” del 2% que atenúe el peso de la deuda que hay que pagar, pero desdeñan el hecho de que la inflación es como una avalancha de nieve. Coge velocidad en un parpadeo. Que se lo pregunten a los alemanes que, desde 1921 a 1923, vieron que era más barato calentar la casa quemando fajos de billetes que comprando carbón. La inflación, el impuesto de los pobres, es capaz de reducir a la nada los ahorros de una vida, y de condenar al pueblo a la miseria.

    Una buena pregunta es: si ahora están fabricando tanto dinero, ¿por qué “no sube” el coste de la vida? No sube porque todo ese dinero se está quedando atascado en un puñado de multinacionales y pozos gubernamentales.

    Si en los últimos años han ido al banco a pedir el clásico fondo de renta fija para meter sus ahorros les habrán dicho que el interés que les van a pagar es ridículo o, incluso, que ya no ofrecen esos productos. Pero, amablemente, les habrán ofrecido poner a cotizar sus euros “de manera segura” en la bolsa.

    La suma de tipos de interés negativos; un IPC positivo; estados imprimiendo dinero y una población que invierte sin conocimiento en empresas que no producen nada solo puede provocar un gran desastre.

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