08 mayo 2021
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El precio y el valor

03 may 2021 / 03:00 H.

    En este mundo confuso y convulso, removido y revuelto, en el que sobra pandemia, violencia y pobreza, mientras falta salud física (sobre todo mental) y espiritual nos movemos en la orilla de los sentimientos. Nos cuesta cada vez más zambullirnos en la profundidad de nuestro ser y cualquier excusa es buena. Nos dejamos embaucar por mensajes que abaratan nuestra vida llevándonos a una vida de bajo coste o low cost que queda más guay. Pues eso, de bajo coste o más bien de mínimo esfuerzo donde aquello de que “el que algo quiere, algo le cuesta” ha pasado para muchos a la historia.

    Bien es verdad que vivir del cuento se está convirtiendo cada día más en deporte nacional y la ley del mínimo esfuerzo será aprobada en el Consejo de Ministros el día menos pensado, la inmensa mayoría ya lo tienen muy interiorizado. Sin duda muchas de esas “paguitas”, no siempre justamente atribuidas y muchas veces mal empleadas, contribuyen a una desidia y apatía cada vez más generalizada, que lleva a muchos y muchas a vivir a la costa, quiero decir, a la costa de sus padres o del esfuerzo de otros. La forma de entender y vivir la vida, la manera de transmitir y hacer presentes valores inapreciables ha hecho que esos valores sean precisamente inapreciables para unos y despreciables para otros. Algo que a corto plazo puede resultar muy placentero y gratificante pero a medio y largo plazo nos pasará factura, de hecho ya estamos pagando alguna. La pandemia de la COVID-19 forma parte de un todo que nos resulta difícil de entender. La gran pandemia de la deshumanización es la que realmente nos está matando lentamente. Cuando ponemos precio a todo y no valoramos lo esencial, cuando nos tragamos con patatas y aceptamos pulpo como animal de compañía sin el menor espíritu crítico, cuando nos creemos que sólo se valora aquello que se paga y así lo vivimos, estamos condenados a una vida agónica.

    Muchas veces presumimos de lo que carecemos y otras veces condenamos en los demás lo que no soportamos de nosotros mismos. Para muestra basta ver con qué facilidad presumimos de sociedad solidaria que lucha por la igualdad y la justicia etc., etc., pues mira por dónde el otro día en una escuela de formación para el empleo, homologada y con todos los requisitos de calidad habidos y por haber, tienen claro que hay que “seleccionar” a los posibles usuarios, calidad sí pero calidez cero, me temo que ambas van de la mano. Una vez más dinero público pero no para todos los públicos, una vez más deshumanización, una vez más el precio y el valor confundiendo los valores. Mucho hay en la vida que no tiene precio y su valor es incalculable, no precisamente por lo que cuesta. Tú, por ejemplo.

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