15 octubre 2021
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El héroe de Calvarrasa de Arriba

07 ago 2021 / 03:00 H.

    HACE unos días me enviaron uno de esos vídeos que, por su espontaneidad e interpretación, dejarían la obra de Steven Spielberg a la altura de la credibilidad del Gobierno. En la grabación un autóctono de nuestra charra tierra —según los mentideros cibernéticos el protagonista es un vecino de Calvarrasa de Arriba—, abordó a su sanchidad en algún momento de la visita a Salamanca. Nuestro corajudo no quería un autógrafo de Sánchez, ni hacerse un selfi con él. Nada más lejos. Sólo quería decirle en su granítica cara la verdad: «es usted un mentiroso».

    Lo primero que pensé al ver el vídeo fue que no todos los héroes llevan capa; lo segundo que quizás el hombre lo hizo animado por mi columna del jueves y, lo tercero, —motivado por lo anterior— fue el temor a que, de un momento a otro, la KGB de Marlaska tirase la puerta de mi casa y me llevasen engrilletado a picar piedra por promover un alzamiento verbal. Por suerte “no” vivimos en una dictadura cubana en la que, por ejemplo, para tomar un café en un bar, tengamos que presentar nuestra cartilla de vacunaciones.

    Personalmente la reacción de nuestro vecino me gustó. Fue tan natural como una de esas arcadas que nacen en el estómago y que, si no la sueltas en el momento, corres el riesgo de que se enquiste generándote una úlcera.

    Como no podía ser de otra manera al vídeo no le han faltado los comentarios de los ofendiditos. Esos nunca fallan. Estos seres de delicada conciencia, frágiles como níveos pétalos de rosa, se han indignado con la actuación de nuestro vecino; llegando a pedir que censuren el vídeo; tachándolo de soez, vulgar y de ser un reflejo de la España cañí, atrasada y bárbara.

    Quizás no les gusta que aún queden españoles que no viven cegados por las mentiras de medios como La Sexta, o con el cerebro carcomido por los programas basura. Ciudadanos que viven en sus carnes la amarga realidad de ver como el país que habitamos, y que podía ser una nación formidable, es constantemente saqueado, desmenuzado y privado de futuro.

    A esta panda de vividores tenemos que decirles las verdades sin ambages, con palabras sencillas que sus mermadas molleras puedan comprender. Nunca con la violencia. Una buena verdad soltada a tiempo duele mucho más que el sopapo de un pelotari.

    Hay demasiados que hablan, pero no piensan y —para nuestra desgracia—, los pocos que aún piensan, por prudencia, ya no hablan.

    Necesitamos a más gente que hable claro, necesitamos más Calvarrasa’s men.

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