25 enero 2020
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El guirigay de la COP

06 dic 2019 / 03:00 H.
César Lumbreras
La trastienda

Ya sé que corro el riesgo de que después de ver este titular el lector pase la página y huya despavorido, porque está harto de la COP25 por la inflación de noticias relacionadas con este evento, a las que se sumarán las de de hoy con la manifestación de Madrid. En todo lo que se ha venido publicando, radiando, televisando, tuiteando y demás he echado en falta una explicación sobre lo que se hace en una COP. Confieso que, con seis a mis espaldas (las celebradas en Lima, París, Marrakech, Bonn, Katowice y la presente de Madrid), aún tengo dificultades para explicar de qué va esto. Lo más aproximado es el término guirigay, que según el diccionario de la RAE es “gritería y confusión que resulta cuando varios hablan a la vez o cantan desordenadamente”.

La primera vez que acudí a una COP me costó trabajo enterarme de cómo funcionaba aquello. El año siguiente, en 2015, se alcanzó el Acuerdo de París y ya me aclare algo más. Así sucesivamente, hasta llegar a la de Madrid. El guirigay comienza con la sesión inaugural, a la que acuden un número indeterminado de jefes de Estado y de Gobierno de los cerca de doscientos países que participan en la cita. Este año, la foto que pretendía hacerse Pedro Sánchez con lo más granado del mundo mundial ha quedado un tanto devaluada, porque no han aparecido los pesos pesados. A partir de ese momento, las ONG, los representantes del movimiento ecologista, los científicos, las delegaciones oficiales y los miembros de los grupos y tribus más diversas, cada uno con sus uniformes de trabajo o con sus trajes típicos se mezclan y desparraman por los interminables pasillos y las múltiples salas de reunión en un inmenso guirigay. Paralelamente, en las inmediaciones de la sede tienen lugar manifestaciones y eventos de todo tipo.

Durante la segunda semana de cada COP se celebra el tramo ministerial. El lunes comenzarán a llegar a Madrid los ministros y cabezas de las casi doscientas delegaciones, para entrar de lleno en lo que debería ser la negociación formal. Esta se desarrolla entre bambalinas, pasilleando e intercambiando documentos elaborados por mediadores y facilitadores, mientras los del guirigay siguen a lo suyo con sus actos paralelos y vigilando a los negociadores formales. Y así pasan los días hasta llegar a la jornada de clausura, en la que entran las prisas y, al final, siempre termina bastantes horas después de la prevista. El guirigay concluye con una sesión plenaria, más o menos vistosa, dependiendo de si se ha llegado a algún acuerdo, mientras “los que van a salvar el mundo” se despiden hasta la COP siguiente y el año siguiente, en el que el guirigay se trasladará a otra parte, en este caso a Escocia.