04 marzo 2021
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El fascismo rojo

    Cuando allá por la década de los 60 el filósofo y sociólogo Jünger Habermas tuvo la valentía de usar el término “fascismo de izquierda” ante el mismo grupo de investigadores comunistas al que él pertenecía (Escuela de Fráncfort), muchos de ellos se revolvieron sobre sí mismos como si tuvieran la sarna. Habermas, quien en 2003 recibiría el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, vistos los derroteros que la izquierda radical estaba tomando, no se dolió en prendas de acusarla de intolerante, de autoritaria, de manipuladora, de terrorista y de alejarse de todo discurso racional y principios constitucionales. Pueden imaginarme cómo se le quedaría a algunos la cara. Porque lo de “fascista” no es una buena tarjeta de presentación, ni aun cuando se admita que alguna izquierda, como el fascismo, tiende parecidas trampas. Tras Habermas, del “fascismo de izquierdas” han hablado otros eruditos, quienes han advertido de sus engaños y terribles prácticas. Porque el “fascismo rojo”, como lo llama sin pelos en la lengua uno de estos doctores, acuña esa nueva barbarie de “engendros”, muy hábiles en juegos verbales propagandistas, que hacen de sus ideas dogmas indiscutibles y a defender por las turbas, a las que, en consideración, llaman “hermanos de armas”. Un “neoprogresismo” que intimida y agrede a los que no piensan como ellos; que amenaza de muerte; que injuria a las instituciones; que va contra el orden social y enaltece el terrorismo, y, que tiene por culto controlar los medios de comunicación de masas para manipular la opinión pública e imponer el terror. ¿Les suena esto a algo próximo? Pedro Sánchez debería echar a los escuderos de estos monstruos, urgentemente, de sus escaños. Pero el presidente –como buen felón- ha premiado al “fascismo rojo” con sueldo y séquito para que se divierta a sus anchas. Al fin y al cabo “fascismo de izquierdas” es un término que viene a definir “alianzas políticas híbridas inusuales”, y eso es lo que él mismo ha hecho. Mañana se cumplen 40 años del susto que nos metió Tejero con aquel ¡se sienten, coño! La izquierda y la derecha condenaron el grito fascista y antidemocrático por igual. ¡Eran mejores tiempos!

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