11 julio 2020
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Desconfinamiento o descerebramiento

01 jun 2020 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

Sin duda desde el desconfinamiento al descerebramiento cabe el desmadre, el despiporre, el despropósito, el descalabro, el desbarajuste, el desparrame, el desasosiego, el descuadre, el descoloque, el despiste, la despreocupación... y, por supuesto, el desastre.

Ahora bien, si me remonto al comienzo del confinamiento en Proyecto Hombre Salamanca han pasado apenas ochenta y tres días. A estas alturas uno no sabe si pretendían o pretenden confinarnos o confitarnos. Confinar viene a ser mantener encerrado a alguien sin poder salir, en este caso por motivos de salud. Por confitar se entiende “una técnica de cocina que consiste en cocer un alimento en materia grasa o azúcar a temperatura muy baja y de manera prolongada. Además de ser una técnica culinaria, es un excelente sistema de conservación”. Así pues, me asalta la duda y no lo tengo muy claro, unas veces siento que estamos confinados y otras confitados, y tengo la sensación de que algo se está cociendo a fuego lento y miedo me da el resultado final.

A mayores del susodicho virus y entendiendo el desconocimiento sobre el mismo de propios y extraños. Aceptando pulpo como animal de compañía y más allá de que los políticos en general y el gobierno de turno en particular no sepan si confinarnos o confitarnos. Me llama la atención la estampida general por parte de gran número de ciudadanos, ansiosos de volver al confinamiento o en su defecto a las procesiones de coches fúnebres que han recorrido la geografía española. No hemos tenido las de Semana Santa pero hemos tenido las de estos santos mártires, que tuvieron que irse más solos que Cristo en la Cruz. Pues muchos ciudadanos o no se han enterado o se han olvidado, yo me niego a enterrar en una fosa común el dolor, el llanto y la pena de tantas personas.

Es necesario avanzar, dar pasos, volver a la normalidad o lo que queda de ella, pero creo que esta forma de hacerlo está poniendo en riesgo precisamente esa normalidad.

Cerrar la puerta y atrincherarnos ha sido fácil para unos, complicado para otros y realmente difícil para muchos. Desgraciadamente se han vivido momentos duros, con derramamiento de sangre, sudor y lágrimas, no exagero. Que muchos quieran olvidarlo y otros prefieran no recordarlo, no puede ser motivo para ponernos en riesgo de volver a vivir situaciones tan dramáticas como las que se han vivido. Es cierto que este virus deja muchas secuelas pero, como dice mi amigo Quintana compañero de confinamiento, “parece que a muchos les ha dejado más secuelas en el cerebro que en el sistema respiratorio”. A juzgar por los acontecimientos creo que no le falta razón. Cada uno hemos de elegir: susto o muerte, desconfinamiento responsable o descerebramiento con retroceso y final incierto.