10 diciembre 2019
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De la fiesta a la tragedia

03 ago 2019 / 03:00 H.
María Eugenia Bueno Pastor
Con ojos de mujer

Ha llegado agosto y el mes por excelencia de vacaciones viene precedido de graves accidentes de carretera. Esta época del año aglutina el mayor número de fiestas populares y los pueblos, triplican su población en muchos casos. Sus hijos, amén de los adoptivos, festejan esta época de reunión y vacaciones, alternando en verbenas y consumiendo copitas hasta altas horas de la madrugada. Hace calor, te reencuentras con amigos que no ves desde el verano anterior, la noche se llena de recuerdos y muchos lo complementan sumando a sus cuerpos sustancias que aparentemente les introducen en un mundo aún más atractivo, más feliz y que les invita a saltarse todas las leyes divinas y humanas. ¿Quién no recuerda esas fiestas en las que el amanecer era el broche de oro a una noche que se hacía mínima?...

Este ojo que observa ve cómo desgraciadamente lo que empieza siendo una noche llena de felicidad y divertimento acompañada de luces de colores y banderitas ondeando a la luz de la luna, acaba siendo oscura y de lágrimas donde la tragedia se engulle esa felicidad para desaparecer en la nada.

Concienciar a los conductores desde la Dirección General de Tráfico es fundamental, pero hacer un control exhaustivo es vital. Soy consciente de que la gran mayoría piensa que esa es una manera de aguar la fiesta, pero nada más lejos de la realidad. Los padres tenemos la obligación de explicar a nuestros hijos los graves peligros que implica coger un coche, compartir vehículo o marcharse con alguien después de haber consumido alcohol o drogas. Sé que todos los padres se quedan con el ombligo para dentro cuando ellos salen de fiesta, pues ya no es lo que ellos hagan, sino lo que hacen los demás.

La noche es tremendamente atractiva, hace posible los sueños pero los sueños, como decía el poeta, no pueden esclavizarnos y menos quitarnos la vida.

Hoy retumban en mis oídos las palabras de mi padre “A Dios rogando pero con el mazo dando”... es decir, a pesar de nuestras recomendaciones, de nuestro continuo insistir, de nuestros desvelos hasta que regresan, de llamar con el móvil una y mil veces a terminales que suenan y nadie contesta, de ponernos en los peores escenarios... y respirar cuando suena la llave... la autoridad de la Guardia Civil sigue siendo y es, la mejor forma de disipar a aquellos que pueden causar una tragedia a los demás y a ellos mismos. Es preferible una noche a la sombra o impedir que se conduzca o una sanción severa, a que se pierda una vida.

Creo que obligar a nuestros jóvenes a ver y leer las noticias trágicas que salen en los medios continuamente, puede ser un gran revulsivo. Que ellos lo vean con sus propios ojos y que sepan a ciencia cierta, cuáles son las consecuencias.

Agradecer a la Guardia Civil sus desvelos, su paciencia y su profesionalidad, así como su ayuda en las carreteras y pedir, desde este espacio de opinión, que se intensifique dotacionalmente su presencia en las carreteras comarcales, para así ayudar a evitar que la fiesta se convierta en tragedia.