29 junio 2022
  • Hola

Davos

25 may 2022 / 03:00 H.

    Resultará muy difícil de creer para algunas, pero en el Foro Económico Mundial de Davos no está hablando nadie de la menstruación. Sospecho que si alguien preguntase en uno de los paneles a Christine Lagarde, la presidenta del BCE, o, más doméstica, a Belén Garijo, directora general de Merck, si cuando les baja la regla pueden hacer bien su trabajo, un par de fornidos guardaespaldas con pinganillo en la oreja sacaría de la sala en volandas al alborotador o alborotadora y lo pondría a disposición policial. Si alguien me lo pregunta a mí, por cierto, igual se lleva un sopapo, por muy ministra que sea.

    Pero sigamos: de lo que se habla en Davos es de la inflación, que se suma a lo que comienza a perfilarse como una nueva era de riesgos a la que tenemos que adaptar nuestras decisiones cuanto antes mejor. Y no es que en Davos preocupe solamente el dinero, en detrimento de los valores. Ayer escuché al secretario general de la OTAN decir en este templo del libre cambio que “la libertad es más importante que el libre comercio”, en referencia a la guerra que, lo reconozcamos o no, está librando Occidente contra Rusia. También escuché al presidente Pedro Sánchez decir una y otra vez que la economía española va como un tiro, que cerraremos 2022 con un crecimiento muy por encima de la media europea y que estamos en cabeza en materia de transición digital y renovables. Fue como un viaje en el tiempo hasta finales de los 90, cuando Aznar repetía tanto en casa como en las Europas aquello de “España va bien”, mientras avanzábamos a grandes pasos hacia el estallido de la burbuja inmobiliaria. Un moderador, no sin cierta ironía ante tanto autobombo, se recreó preguntando ayer a Sánchez por “el secreto de su receta para el éxito”.

    El presidente reconoció que los fondos europeos Next Generation tienen algo que ver en el asunto y después se refirió a la “creación de empleo estable”, como si no estuviese hablando del país con más paro juvenil de Europa. Me estoy refiriendo al presidente por su cargo y por su nombre porque en el extranjero hay que mantener las formas, pero de fronteras para adentro yo ya solo llamo a Sánchez Piolín, porque hay declaraciones pronunciadas en sede parlamentaria, tan insultantes, que quedan grabadas para siempre en la conciencia política. Pero en Davos sigo diciendo Sánchez para referirme al jefe de gobierno que defiende la integridad territorial de Ucrania con mucha más seriedad y entusiasmo que la integridad territorial de España. Y en Davos se refieren a Sánchez, sobre todo, cuando se preguntan qué va a pasar con los países más endeudados, como España, cuando empiecen a subir los tipos de interés, a partir de julio.

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