08 julio 2020
  • Hola

Cum laude

27 jun 2020 / 03:00 H.

    Permítame ponerle esa nota a los millones de niños y adolescentes que han terminado estos días el curso más complicado de sus vidas. No sé si habrá sido el más difícil pero sí estoy seguro de que es en el que más han aprendido. El cole se terminó de un día para otro con los pupitres todavía llenos de libros, plumieres y cuadernos. Los niños salieron en fila, disciplinados como siempre, sin saber cuándo y ni cómo volverían a su hábitat y a día de hoy siguen sin tenerlo claro.

    El virus lo ha cambiado todo, también el final de curso. Estas semanas, para los que somos padres, suelen ser días de balance, festivales, campamentos, ajuste de horarios para conciliar, planes de vacaciones y escapadas para sortear los rigores del termómetro. Pero la pandemia, que hoy nos vuelve a amenazar a base de rebrotes, también se ha llevado estas rutinas por delante. Sea como fuere, no voy a dejar escapar la ocasión para felicitar a esa escuela que se marchó a casa sin rechistar y que todavía no ha podido volver ni siquiera, a la mal llamada “nueva normalidad”. Los niños y adolescentes nos han demostrado que se puede prestar atención también desde casa. Los profesores han conseguido ser más maestros que nunca, para impedir la desgana y explicar lo inexplicable a través de una pantalla o de un simple mail. Y por supuesto, también han tenido mucho mérito esos padres que, día tras día, han refrescado su propia memoria para suplir con clases particulares los problemas de la escuela a distancia.

    No tenga usted ninguna duda. Nuestros jóvenes saben hoy mucho más de lo que sabían hace unos meses, tengan las notas que tengan. Han aprendido lengua rescatando del rincón del diccionario palabras como desescalada o confinamiento. También matemáticas porque tienen más claro el concepto de la distancia, aunque sea la social, y del tiempo, hoy más relativo que nunca. Conocen mejor las ciencias sociales, ya que el virus es uno de los grandes ejemplos de un mundo globalizado. Y así podría usted seguir con la ciencia, porque nuestro futuro depende hoy en gran medida del descubrimiento de una vacuna en un laboratorio.

    Pero más allá de los conocimientos puntuales, la gran lección de este curso es vital. Y esas son las que más sirven y las que nunca se olvidan. Hoy nuestros jóvenes, saben igual que nosotros, lo frágiles que somos aunque a veces nos creamos demasiado fuertes. Al acabar este curso tienen mucho más clara la importancia de la salud, por si alguno había desdibujado con algo material su escala de valores. Y encima han aprendido que ni la tecnología, ni los avances científicos, son capaces todavía de controlar el mundo en el que vivimos, por muy avanzados que parezcamos. No está mal para un solo curso. Ellos seguro que lo tienen hoy mucho más claro. Ahora queda por ver, cuando vengan los rebrotes, si el resto también hemos aprendido algo.