27 febrero 2021
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Con muchísimo respeto

    Al cura párroco Ramajo, fallecido con COVID y sin obispo

    PROVOCAN este ruego “con muchísimo respeto” -como impartía justicia Pedro Crespo-, en primer lugar la reprensión del administrador apostólico de la (aún) Diócesis de Ciudad Rodrigo, Jesús García Burillo, a todo el que pida el nombramiento de un obispo -vacante hace dos años-, y la continuidad de la sede. También me mueve el afecto por esa querida ciudad y sus gentes, porque con ellos me he divertido, bebido, querido, litigado, intrigado, pregonado, rezado y hasta llorado. Los mirobrigenses temen fundadamente que, aprovechando la jubilación del mitrado de Salamanca, el Papa nombre un solo ordinario, con sede en la capital, que absorbería la antiquísima Diócesis Civitatense. Dos por el precio de una.

    Burillo ha justificado su reprimenda -ex- comunión todavía no-, calificando las vigorosas peticiones, de “levantamiento” (¡), “intimidación a la Santa Sede” (¡) y hasta “rebelión contra la voluntad del Papa” (de donde parece inferirse el propósito pontificio de la supresión). ¡Que tiemble el Vaticano! Pero coño, si los pacíficos mirobrigenses solamente se rebelaron contra el invasor francés. Quieren sencillamente un pastor, como hace ochocientos años. Burillo no puede referirse a la carta remitida a la Nunciatura Apostólica por cinco personalidades vinculadas a Ciudad Rodrigo, porque hablan de no “intromisión”, solamente suplican el nombramiento “por la repercusión no solo religiosa, sino también social y cultural”. Con dos de ellos he librado muchas batallas públicas y con cuatro mantengo buena amistad. Suscribo íntegramente su epístola.

    Roma y la Nunciatura deben saber que la socampana de la catedral, la raya de Portugal, la diócesis toda, está servida por pastores que como desea el Papa Francisco, “huelen a oveja”. El buen párroco del Maíllo, abatido por la pandemia, olía, además, a becerra brava (era cura del Bolsín Taurino). Desde lejanos despachos a la Iglesia civitatense, acaso no comprendan la desolación que se apodera de su grey, de los fieles de Ciudad Rodrigo, cuando barruntan la erradicación. Ojalá no tengan que recordar aquel antiguo cura Cid, que -desterrado-, decía andar como las cabras, “de risco en risco, sin suegra y sin obispo”. No quieren rebajarse a simple Arciprestazgo. Necesitan un obispo ya. Lo suplicamos, como diría el alcalde de Zalamea, con muchísimo respeto.

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