28 junio 2022
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Comerciantes salmantinas del siglo XIX

20 may 2022 / 03:00 H.

    En 1810, Cayetano Lurasqui, que había nacido en 1752, instala su establecimiento de bisutería, juguetería y quincalla en la Plaza Mayor, comprando la totalidad de las viviendas, donde hoy la cafetería “Los Escudos”. Muere en 1822 y se hace cargo del negocio su viuda María Hernández Valeros, bajo la denominación de Viuda de Lurasqui, convirtiéndolo en la mejor bisutería de la capital, donde se vendían incluso bujías y parafinas y los juguetes denominados “tirinenes”. Se anunciaba con grandes novedades, sombreros alta novedad, acordeones y cajas de música Aristones. Al morir María aparece el negocio como “Hijo de Lurasqui”, aunque en realidad era su hija Filomena, que fallece en 1881, pues su esposo Miguel Zahera Herrero se ha dedicado a la abogacía y a la política.

    A la esquina derecha de la Plaza, saliendo hacia la calle de Toro, donde hoy la “Joyería Santiago”, llega trasladado desde otro lugar, en febrero de 1845 el sastre Mirat y en 1870 ya estaba la confitería de la señora Calixta (para otros Engracia), mujer beata de las antiguas, que se pasaba el día rezando en constante bisbiseo. En cuanto sentía la campanilla que anunciaba al sacerdote portando el Viático de los enfermos por una esquina de la Plaza, se desentendía del cliente, se ponía de rodillas, comenzaba a santiguarse y no se levantaba hasta que dejaba de oír la esquila por otro lado. Parecida puesta en escena realizaba cuando de un cortejo fúnebre se tratara.

    En el número 14 de la Plaza, donde hoy la oficina de “Salamanca Ciudad del Español”, montaron en 1820 una mercería los abuelos de Elvira, conocida como “La Cordonera”, mujer apreciada en Salamanca y su provincia por la extraordinaria simpatía que derrochaba, apostada en el umbral del establecimiento, cantando las excelencias de los géneros que vendía a cuantos merodeaban por los alrededores, que los podían contemplar a sus anchas, pues el abigarrado escaparate les salía al encuentro, ya que los artículos se exhibían colgados del techo de los soportales. Pasó en 1896 a Quintín Alonso y Hermana y si sería famosa y conocida la simpática mercera que todavía muchos años después, su nombre era utilizado como reclamo publicitario por Quintín, que se anunciaba como: “Sucesor de Elvira, la cordonera”, presumiendo de ser “Casa fundada en 1820”.

    El número 18 de la Plaza, donde hoy la cafetería “La Tentazion”, hacia 1880 es ocupado por una tienda de herramientas e hierros, de unas señoras muy ancianas a las que se conocía por “Las Migueletas”, donde se celebraban animadas tertulias de señoras. Era una de las más célebres y reunía diariamente a un grupo perteneciente a la buena sociedad salmantina, en el “tercerillo” del popular comercio, cuyas dueñas tenían por norma no abrir los cuarterones de su establecimiento a nadie que no hubiera sido previamente identificado a través de un ventanillo.

    La confitería del albense Pablo Rodríguez de la Iglesia, conocida como de “La Baltasara”, por la esposa del dueño que era quien despachaba, se instala en 1886 en el número 27 de la Plaza, donde hoy la cafetería “Berysa”. La Baltasara es Baltasara Fonseca Mangas, que se ocupa del despacho a la clientela y de las relaciones públicas, ataviada siempre con delantal de un blanco inmaculado, mientras su esposo, Pablo Rodríguez permanece en la trastienda dedicado a las labores del obrador, confeccionando las especialidades de la casa.

    En el número 37 de la Plaza, donde hoy “Starbucks Coffee Company”, se instala en 1887 la “Sombrerería de Andrea” conocida por el vulgo como “Tienda de las Andreínas”, por las varias hermanas que despachaban. Andrea visitaba todos los años París, para traer las últimas novedades en sombreros, modistería ropa blanca y moda para señoras y niños, cerrando en 1901.

    En el número 41 de la Plaza, donde hoy la cafetería “Abadía-Plaza”, la tienda de paños, tejidos y ropas confeccionadas en 1880 es heredada por Fidela Brusi Crespo, que venía ayudando a sus padres desde hacía tiempo y dándole tal prestigio que se conocía como “La tienda de Fidela”, que fallece el 26 de agosto de 1887.

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