27 septiembre 2020
  • Hola

Arroz con cangrejos

10 ago 2020 / 03:00 H.

    Mi amigo Rafa Campo, que es un buen tipo, natural de la Encina de San Silvestre, de esos humildes y sencillos que a veces la vida te regala, que merecen la pena conocer y uno se siente afortunado de tenerlo cerca, tiene la sana y buena costumbre de llevarme a pescar cangrejos, allá cerca de Buenamadre. Dice que es una manera de ayudarme a desconectar, que eso también es terapéutico. No le falta razón y se agradece, pero este año con esto de la Covid-19 se ha ido sin llevarme. Eso sí, la cangrejada con arroz que hemos disfrutado en Proyecto Hombre no se nos olvidará en una buena temporada.

    Al hilo de los cangrejos, y sin saber muy bien por qué extraña asociación de ideas, me viene a la mente la realidad que nos toca vivir. Quizá porque los cangrejos tienen mucha cabeza y poco contenido, como muchos de quienes nos gobiernan. Quizá porque de nuevo la realidad es que caminamos de lado o para atrás como los cangrejos. Quizá porque son unos bichos muy depredadores que comen todo lo que pillan y en este mundo también hay mucho depredador buscando carroña. Quizá porque el arroz llena y los cangrejos dan sustancia y así pasa en este mundo, unos pocos dicen pensar y la mayoría dan consistencia. En fin, no sé, pero ciertamente esta España nuestra necesita cangrejos autóctonos, con sustancia de verdad, auténticos, con marca España. Haberlos hailos como las meigas en Galicia, lo malo es que los dejamos escapar o los abocamos a emigrar buscando futuro en el extranjero. Me duele ver la cantidad de grandes hombres y mujeres, profesionales dignos de admiración en todos los ámbitos del saber. Geniales investigadores capaces de sorprender a propios y extraños y, sobre todo, aportando al mundo un conocimiento merecedor de Nóbeles sin discusión alguna, que sin embargo se ven obligados, gracias a la mala gestión, a triunfar en el extranjero. Mientras, aquí, continuamos dando premios de tómbola a quienes nos venden humo y nos entretienen con juegos malabares. No hay derecho a tanta tomadura de pelo, no se puede continuar barriendo para debajo de la alfombra. No hace falta salir de Salamanca para tomar conciencia de ello ¿Dónde están los pesos pesados de la universidad? ¿Dónde los grandes catedráticos? ¿Los jefes de servicio de nuestro complejo hospitalario?

    Ya está bien de tanta dedocracia política y administrativa, ya está bien de crear los puestos a medida, ya está bien de tanta titulitis comprada bajo cuerda o heredada por pedigrí. Nos volvemos antimonárquicos, nos agobiamos con el coronavirus y nos despistamos con el corinavirus o virus de la corona, para continuar viviendo en una sociedad prostituida y contribuyendo muchas veces, consciente o inconscientemente y en la medida de nuestras posibilidades, a que se prostituya. Asumamos pues responsabilidades. Buen provecho.