08 diciembre 2021
  • Hola

Adiós Raffaella

06 jul 2021 / 03:00 H.

    Érase una vez una mujer rubia y magnífica, que revolucionó el mundo de la televisión en España. Se llamaba Raffaella María Roberta Pelloni y era tan diminuta de cuerpo como enorme de talento. Llegó a nuestro país allá por los años 70 e hizo su primera aparición en el mítico “Señoras y señores” de Valerio Lazarov. Y fue asomarse a nuestra pequeña pantalla y conseguir la popularidad y el reconocimiento de manera inmediata. Esta mujer millonaria desde que recuerdo, cuya maravillosa casa en Bolonia, tenía hasta helipuerto privado hace treinta años, jamás tuvo el comportamiento de la diva que sin duda era. El secreto de su éxito no era su belleza –había otras mucho más despampanantes que ella- ni siquiera esa imagen tan suya que mantuvo hasta el final de sus días, de pelo casi blanco, cortado en una especie de Bob a su estilo particular y unos monos que se pegaban a su cuerpo pequeñísimo de una manera que en otras podría haber resultado -al menos en sus inicios-, “indecorosa” y en ella solo era espectacular. Raffaella, artista desde los 9 años, tras interpretar un papelito en la película Tormento del passato, se formó como bailarina desde los 15 y tras trabajar una década en Hollywood volvió a su Europa natal. Debo reconocer que desconozco sus éxitos cinematográficos y que mi recuerdo no es otro más que el que le debo a TVE. Allí su acento italiano, esos bailes característicos imposibles de dejar de imitar y, sobre todo, su excelso sentido del humor fueron los que acabaron convirtiéndola en mi ídolo de juventud. Raffaella era de una sencillez extraordinaria y de una discreción que parecía imposible en una estrella mediática de tanto relumbrón. No era la que mejor cantaba –sí la que mejor bailaba- pero, como a Lola Flores, no había que perdérsela porque era única e insustituible. Sus programas eran oro molido y pulverizaban las audiencias. Y todo el mundo quería irse con ella a hacer el amor al sur o sentir que le explotaba el corazón con acento italiano. Su manera de cantar y de moverse gozaban de tal impronta personal, que pronto se impuso en las pistas de baile el estilo Raffaella, que aún sigue siendo un número uno en celebraciones y Karaokes. Pero es que, además, Rafaella, la gran jefa del entretenimiento, era todo menos insustancial y papanatas. Sus entrevistas, cómplices y divertidas, estaban repletas de agudeza y profesionalidad. No se empeñaba en quedar por encima del entrevistado, sino en hacerle brillar; por eso conseguía titulares increíbles y un buen rolló en los platos que hacía que no hubiera nadie que se negara a aceptar su invitación. Raffaella ha muerto igual de rubia y espléndida que siempre y sin hacer ruido que era como le gustaba atravesar la vida fuera de los escenarios. Llevaba tiempo enferma, pero nunca quiso decirlo. Prefirió regalarnos hasta el final esa imagen alegre y maravillosa que permanecerá inalterable para siempre. Adiós, Raffaella, siempre estarás en nuestra memoria diciéndonos “hola”.

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