16 octubre 2019
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A la caza del voto centrista

20 sep 2019 / 03:00 H.
César Lumbreras
La trastienda

Con Ciudadanos, no. Con Ciudadanos, no”. Todavía recuerdo las imágenes que contemplé por televisión la noche del 28 de abril, fecha de las últimas elecciones generales. Sucedió en la calle Ferraz, delante de la sede del PSOE. Los altos cargos y militantes sanchista-socialistas allí congregados estaban eufóricos por el resultado electoral, pero sin valorar adecuadamente el carácter pírrico de su victoria, porque, aunque el PSOE fue el partido más votado, los números tampoco eran como para tirar cohetes a efectos prácticos. Los que estaban allí, sanchistas antes que socialistas, no querían un acuerdo con los de Ciudadanos ni en pintura y estaban en su derecho. Ahí, en esa noche de euforia, yo creo que Sánchez ya se hizo su composición de lugar y decidió que “marearía la perdiz” con Podemos, pero que iríamos a nuevas elecciones.

Durante los meses que han transcurrido desde entonces, el tiempo que ha dedicado a buscar un acuerdo ha sido el mínimo imprescindible para justificarse ante la opinión pública y para terminar atacando a todos los demás, porque no querían pactar con él y los suyos. Ha dedicado la mayor parte de este periodo en funciones a lo que realmente le gusta. Por un lado, a la política exterior, a seguir viajando al extranjero y a cultivar la imagen de estadista, a pesar de los revolcones que ha sufrido, especialmente en Bruselas. El objetivo era utilizar esa proyección en el exterior de cara al interior. Mientras tanto, aquí dentro la casa continuaba sin barrer. Así hasta llegar a la sesión de investidura anterior al “no parón” de las vacaciones veraniegas, porque durante ese tiempo el “sanchismo” ha seguido a lo suyo, es decir, a la campaña electoral.

En este contexto hay que situar las reuniones que ha mantenido con los diversos colectivos, de donde salió el famoso programa electoral. Desde Moncloa se transmitió la orden a los ministros de que todos estuviesen en danza con carácter permanente y se “ocupasen” los medios de comunicación, multiplicando la presencia de los altos cargos del Gobierno. Querían dejar claro ante los ciudadanos a los que van a pedir el voto que trabajaban, se ocupan de los problemas del país y seguían al pie del cañón. A Sánchez lo que le gusta de verdad, además de la política exterior, es estar siempre en campaña electoral y jugar a la contra, pero de construir en positivo más bien poco. Ahora, cuando ya vamos camino de nuevas elecciones, se comprende la estrategia que ha mantenido y se perfila el eje de su campaña: la búsqueda de los votantes de centro, que se han convertido en oscuro objeto de deseo, no solo de los socialistas, sino también del PP, aunque eso casa mal con mantener a Cayetana Alvarez de Toledo.